Entre lo normal y lo inmutable: la transgresión del LGBT

Por Ana Añorve Vidal

Foto: “Travesti rosa” de Pablo Suárez.

¿Cuál es la insistencia de mantener una estructura canónica de las cosas? Es tal vez el miedo que infunde lo nuevo, lo diferente, aquello de lo que no somos capaces de comprender en su totalidad. El desdibujo de las líneas, de las tan marcadas definiciones y concepciones que la sociedad se ha repetido cual ferviente rezo, ha sido una las razones por las cuales la comunidad LGBTTTI (Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti, Intersexual) aún en pleno siglo XXI no ha logrado incorporarse en los preceptos de lo conocido como “normal”.

La transgresión respecto a la diversidad implicada en este grupo ha sido siempre un factor desestabilizador del sistema de creencias y principios de cierto tipo de personas, en general determinadas como conservadoras, de ultraderecha, e inclusive religiosas, lo cual ha desembocado en una constante persecución, en una ola de discriminación, y agresión física por parte de éstos hacia la comunidad.

México, a pesar de ser una nación en la cual desde junio de 2015 declaró el matrimonio igualitario como constitucional en todo el país, y que su capital se jacta de reiterar su apoyo a este colectivo al ser la primera en legalizar la unión y adopción entre parejas del mismo sexo, su vena más tradicionalista e intransigente sale a relucir en toda ocasión.

De acuerdo con el COPRED (Consejo Para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México), el LGBTTTI es el tercer grupo con mayor número de denuncias por discriminación en la ciudad, las cuales se centran sobre todo en el tema laboral, ya sea que se les niega el trabajo o se les hostiga y acosa; además del aspecto en torno a los derechos a la salud, al no poder acceder tan fácilmente a sus servicios.

Aunado a ello, el año pasado debido a la iniciativa del presidente Enrique Peña Nieto sobre la modificación al artículo 4° Constitucional y el Código Civil Federal, en favor de la figura del matrimonio igualitario, se conformó el Frente Nacional por la Familia, un conjunto de personas en defensa “del matrimonio y la familia natural” que marcharon en toda la república en contra de tales medidas “autoritarias”.

La simple consideración de llamarle “matrimonio” a la unión de personas del mismo sexo levantó gran polémica en la sociedad mexicana ¿por qué? Es posiblemente una cuestión cultural en el sentido de la profunda raíz de la moralidad católica que se encuentra entramada en la conciencia de los mexicanos, sin embargo ¿por ello es admisible negarle derechos a las personas? ¿sustentado sólo en las convicciones religiosas propias, en las particulares concepciones de lo que es “normal” y “natural”?

Sí, debe existir un propio marco de referencias que nos proteja de lo desconocido o distinto, pero también una intención y acción mínima de tolerancia ante comunidades como la LGBT, que ha buscado reivindicar su lugar en la sociedad, ha tratado decir “también somos personas y tenemos derechos y obligaciones como cualquier otro ciudadano”.

Parte del proceso que implica el avance y desarrollo de una sociedad es la capacidad de ésta para poder aceptar los cambios; no es sólo pertinente hablar del rubro tecnológico sino es por igual oportuno referirse a las transformaciones en el ámbito de los derechos humanos; que los refuercen, especifiquen, integren, amplíen, porque qué es el movimiento, la variabilidad y adaptación sino elementos que constituyen la naturaleza de la humanidad.

Fuentes:

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