Terrorismo, un primer acercamiento al miedo

Por Eduardo Chamorro

¿Qué tanto conocemos sobre el terrorismo? En la sociedad contemporánea, los eventos terroristas han dejado una marca muy significativa en la memoria de muchos. Considero que hablar del terrorismo nos dirige inmediatamente a un antes y después de los atentados ocurridos, sobre todo, en la ciudad de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001. Lo cierto es que el terrorismo no es una manifestación “moderna”, ha existido a lo largo de la historia, se mantiene y da pruebas de su máxima capacidad destructora y devastadora que, además, promete romper con la estabilidad de toda índole.

En este sentido, resulta conveniente abordar el tema del terrorismo a partir de una definición que en apariencia resultaría ser una labor sencilla, pero es por demás difícil ante las vertientes y dimensiones globales; incluso los más importantes organismos internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), difieren de otras concepciones en los ámbitos académicos, jurídicos, psicológicos, criminológicos, militares y políticos. La ONU, sugiere la siguiente definición:

“Terrorismo es, en la mayoría de los casos, esencialmente, un acto político. Tiene como propósito causar daños dramáticos y mortales sobre civiles y crear una atmósfera de miedo, generalmente por un motivo político o ideológico; sea este secular o religioso (…) El terrorismo es y busca un asalto sobre los principios de la ley, el orden, los derechos humanos y la resolución pacífica de disputas sobre las cuales se creó este organismo mundial…”

Si bien el concepto pretende cubrir todas las conductas por las que se manifiesta la práctica terrorista, debe comprenderse que ante todo se trata de una actividad violenta con el fin de sembrar pánico e inseguridad no solo sobre la sociedad, sino también pretende vulnerar a los gobiernos para que se abstengan de poner en marcha planes que generarán consecuencias políticas, económicas, sociales, culturales y religiosas en un mediano o largo plazo.

Para Javier Feal, las manifestaciones terroristas tuvieron origen en el año 69 d.C. protagonizadas por el grupo sicarii, quienes actuaron en Palestina en contra de la administración romana en la lucha de los zelotes. En la época moderna, el terrorismo se hizo presente a finales de los siglos XVIII y XIX con la propagación del sentimiento nacionalista secular tras la Revolución Francesa; incluso, en otras partes de Europa, los partidarios del anarquismo realizaron ataques contra altos mandatarios.

En el caso de Estados Unidos, el grupo radical Ku Kux Klan surgió después de la derrota de la Confederación Sudista en la guerra civil de 1861 a 1865, con el fin de aterrorizar a los antiguos esclavos y a los representantes de la reconstrucción del gobierno. Esto deja ver que el terrorismo actúa de acuerdo con los objetivos que persigue, no hay fórmula homogénea, no obstante, como señala Tania Rodríguez “el terrorismo contemporáneo lleva inmersa la cuestión política como pretexto para ejecutar sus actos” y, sobre todo, envía un mensaje a nivel regional o global, como ocurrió con el 9/11.

Hago énfasis en dicho acontecimiento porque, aunque estos atentados no fueron los primeros en el mundo, sí dieron paso a modificar el panorama conocido hasta ese entonces: vulneró la seguridad y causó un impacto mediático benéfico para acobardar a la sociedad y alcanzar cobertura sobre los actos terroristas a través de los medios de información. El terrorismo vio ahí su oportunidad para iniciar una nueva campaña de temor que se extendió a nivel internacional y que persiste hoy más que nunca: cualquier nación es blanco susceptible a ser atacada.

Si bien es cierto que el terrorismo constituye una forma de aplicar, sin reservas o límites, la violencia brutal e intimidante, el uso del miedo es una medida que buscó Al Qaeda para materializar sus actos del 11 de septiembre y que, como indica Tania Rodríguez, a partir de entonces, persiguen sus franquicias.

En medio del descontrol social, político y económico, Estados Unidos vio en el 11 de septiembre de 2001 la oportunidad perfecta para recuperar el orden en la sociedad civil, aumentar su poder hacia el resto del mundo y conseguir el reconocimiento nacional e internacional en la lucha contra el terrorismo de Iraq.

Así, pues, en el actual rumbo de la potencia con uno de los mayores amamentos en el mundo, el presidente Donald Trump ha comenzado a marcar el camino que tomará el país en los siguientes cuatro años en la lucha contra el terrorismo: el veto migratorio es lo primero en la agenda. Todo con tal de combatir, como él ha declarado, al “terrorismo radical islámico”. Para cerrar, dejo el recuerdo visual que cambió la manera de concebir al terrorismo, el antes y después de un nuevo miedo:

 

Referencias

Rodríguez, T. (2012). El terrorismo y nuevas formas de terrorismo. Espacios Públicos, enero-abril, 72-95. Cosultado el 5 de febrero de 2017 de http://www.redalyc.org/pdf/676/67622579005.pdf

Feal, J. (2002). Terrorismo internacional. Consultado el 5 de febrero de 2017 de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4581821

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