La incierta parcialidad: Trump y la prensa

Por Ana Añorve Vidal

El programa matutino de noticias Despierta de Televisa encabezado por Carlos Loret de Mola, presentó hoy en la mañana un debate, más que inesperado, irónico. En él, además de los conductores habituales Loret y Ana Francisca Vega se le sumaron los especialistas en la materia Leo Zuckermann y Javier Garza.

El asunto central: “¿Los medios son parciales ante Trump?” Pregunta ante la cual pareciera que la respuesta es un simple “sí”, ya que es en realidad este personaje debido a su voluble y poco diplomática actitud el que suele inventar y mentir en contraste con la prensa.

Sin embargo, en determinados momentos pareciera que la paranoia y las teorías conspiratorias de los medios en su contra de las cuales tanto se queja Trump pueden no estar del todo descartadas en el juego mediático, que precisamente ha denotado tanto en Estados Unidos como en México y el mundo, su implícito desagrado ante el nuevo presidente.

Sería mentira afirmar que la información que ofrecen los distintos medios de comunicación se da de manera objetiva y sin sesgos. Por supuesto, dentro de los géneros de opinión no se espera otra cosa que no sea el posicionamiento tanto del periodista o especialista como del medio o la empresa, pero sí se espera que en la información primaria, en el hecho, la noticia, el medio se abstenga de darle mayor o menor matiz, color o tono, es decir, que se trate de mostrar el acontecimiento lo más apegado posible a la realidad.

Al vivir en un mundo mediatizado en donde existe una clase de dependencia por parte de los usuarios de los mass media, quienes los usan tanto para informarse y comunicarse como para entretenerse, cabría una cuestión ¿interviene la forma en cómo se presenta una noticia sobre la percepción del público en relación a ésta?

El geógrafo y doctor en sociología Roger Silverstone, señala que los medios se convierten en referentes sobre determinados temas o tópicos de quienes los consumen, se vuelven en las ventanas a través de las cuales es posible observar la realidad que hay más allá o rebasa al individuo; es decir, se han transformado en los ojos que miran y significan el mundo para y por las personas.

Entonces, en ello reside la importancia de la construcción de la noticia y la veracidad y el rigor periodístico con el que se le da cobertura. Según el libro La construcción de la noticia de Miguel Rodrigo Alsina “Es el sujeto observador el que da sentido al acontecimiento. Es decir que los acontecimientos estarían formados por aquellos elementos exteriores al sujeto a partir de los cuales este mismo va a reconocer, a construir el acontecimiento”.

En ese sentido, se puede comprender la manera en cómo los medios de comunicación en general se han desenvuelto ante este actual fenómeno político, social y las demás connotaciones que el lector le desee agregar: Donald Trump como presidente de los Estados Unidos.

Desde la apenas inicial insinuación de Trump de querer volverse el nuevo mandatario de tal nación, el revuelo a nivel internacional no se hizo esperar, mucho menos en México puesto que el país fue de las primeras víctimas del magnate, que con su discurso irreverente fuera de las usuales palabras políticamente correctas, ganó tanto adeptos como adversarios.

Uno de estos últimos, pero de los más fuertes: la prensa. Las críticas hacia al, primero candidato y ahora presidente de la nación más poderosa del mundo (pesadilla que todos juraban, jamás se haría realidad), se fueron convirtiendo cada vez más en ataques, en instantes directos como de batalla campal, en otros, latentes poco perceptibles.

El asunto del principio de este texto se apuntala como irónico porque el programa de Loret, además de muchos otros noticiarios y periódicos, ha sido uno de los cuales se ha concentrado en forjar toda una imagen mediática de Trump, al tratar en todo momento de descalificarlo, a él, a sus acciones, al no tomarlo en serio, al querer mirarlo desde una visión limitada y con los prejuicios comunes, incluso desde las “inocentes” notas informativas.

No está por demás que decir, aún si no se coincide con él, se le rechaza y aborrece por sus propuestas, por sus ideas y posturas respecto a los inmigrantes hispanos, a los refugiados, por su forma de pensar y trato hacia las mujeres, todo en conjunto, (es sumamente comprensible esa posición), no es razón para tener una anticipada reacción ante los acontecimientos que lo relacionan. No por ello todo lo que diga es desdeñable, y todos aquellos que lo apoyen o repudien, son demonios o ángeles respectivamente. Es una actitud, en ocasiones excesiva por parte de la prensa, sobrada, sólo por el simple hecho de que es Trump quien lo dice o hace.

Se magnifican las cosas, a pesar de que muchos otros mandatarios (dentro de la historia contemporánea) han tenido perspectivas y acciones semejantes de intolerancia, e incluso peores. La cuestión es que están cobijadas por una discurso semi-diplomático, suelen ser más “políticos” tanto en el campo del conocimiento (aunque ambos aspectos están concatenados), como en la habilidad para tratar a la gente o dirigir un asunto.

Es necesario realizar un periodismo más avocado a su propia deontología, capaz de distinguir entre la subjetividad del individuo, y el suceso, el hecho, la realidad, aquello que ya se mencionó es el marco de referencia de muchas personas, es la manera en cómo perciben su entorno y que puede alimentar una idea equívoca sobre algo, o en este caso, alguien.

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