Proceso, un revulsivo en el periodismo mexicano

Por Raúl G. Parra R. 

Debido a que la publicidad es la principal fuente de ingresos de cualquier medio de comunicación, entre la que destaca publicidad oficial por las onerosas cantidades de dinero que el gobierno destina cada año para proyectar y reforzar su imagen, los periodistas, editores y dueños de los medios se enfrentan a una encrucijada a la hora de procesar y editorializar la información, ya que se encuentran a medio camino entre su compromiso ético con la sociedad y su imperiosa necesidad de no disgustar a sus anunciantes, porque el retiro de sus aportaciones podría poner en riesgo la continuidad de su medio.

Esto ―es decir, los intereses y las relaciones políticas y económicas― es un factor determinante en la constitución de la política editorial de cualquier medio de comunicación.

Si quisiera trazarse una historia sumaria del periodismo en México ―sin tomar en cuenta las gacetas primigenias de Castorena y Ursúa y Valdés y Munguía―, tendría que decirse que la prensa moderna surgió en el siglo XIX, a la par del proceso emancipatorio y la constitución del Estado-Nación. Los dos diarios decanos de ese siglo fueron El Siglo Diez y Nueve y El Monitor Republicano.

En el ocaso del siglo, en 1896, apareció El Imparcial, que inauguró el periodismo masivo en México y fue cooptado por el gobierno de Porfirio Díaz. Veinte años después, en plena guerra mundial, y con motivo de la instrumentalización a la que siempre ha estado sujeta la prensa, surgieron los dos diarios decanos del siglo XX, que perduran hasta nuestros días: El Universal (1916) y Excélsior (1917). Esto es relevante porque de este último se derivaría sesenta años después el medio que es objeto de este análisis: Proceso (1976).

Fátima Fernández Christlieb señala que, a grandes rasgos, durante el siglo XIX el periodismo mexicano se caracterizó por ser partidista, es decir, que fungía como tribuna para los distintos grupos políticos que estaban en pugna ―liberales y conservadores― y, a partir de 1929, con la fundación del Partido Nacional Revolucionario (PNR) ―que después se transmutaría en el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y Partido Revolucionario Institucional (PRI)― pasó a ser oficialista [1]; se dedicó a legitimar el poder del partido único en el régimen autoritario que perduró durante setenta años.

De acuerdo con Chappell Lawson, las principales características del periodismo mexicano durante las siguientes cinco décadas fueron “el control oficial de la agenda pública, la censura en temas sensibles para el gobierno y la cobertura a favor del partido oficial”[2]. Es decir, predominó una relación de adhesión entre el gobierno y la prensa,  que se lograba a través de distintas vías, como la cooptación, el soborno, el amedrentamiento y, por supuesto, las cuantiosas sumas de dinero por concepto de publicidad gubernamental y el suministro de papel mediante el monopolio estatal de PIPSA.

Por tanto, es posible hablar de una prensa más dócil en este periodo, capturada en las redes de un partido omnímodo, que reafirmaba su autoridad a través de ella, en la que no había cabida para las voces disidentes y críticas. Prevalecía la homogeneidad de la información y el tratamiento mediático, las primeras planas eran muy similares y existía un gran respeto y subordinación hacia los tres grandes mitos nacionales: el presidente, el Ejército y la Virgen de Guadalupe.

Pero hubo un quiebre, un hecho que trastocó los cimientos del orden establecido de la prensa. Revulsivo proviene del latín revulsum, que significa “que produce un gran cambio”; el DRAE lo define como algo “que provoca una reacción brusca, generalmente con efectos beneficiosos”. Por eso es posible afirmar que el golpe a Excélsior ―que desembocó en la creación de la revista Proceso en 1976― fue un revulsivo en el periodismo mexicano.

Antecedentes

El 8 de julio de 1976 fue un hito para el periodismo y la libertad de expresión en México: más de 200 periodistas, encabezados por Julio Scherer García, salieron de Excélsior  tras la consumación de un golpe orquestado por el presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez, y ejecutado por cooperativistas afines a Regino Díaz Redondo, quien fue designado como su sucesor en la Dirección General del diario y ocupó ese cargo durante los 24 años siguientes.

Scherer asumió la dirección de Excélsior en 1968 y sus conflictos con los poderes políticos y económicos comenzaron cuatro años más tarde, en 1972. Una camarilla de empresarios promovió un boicot de anunciantes al diario, lo que lo orilló a un atolladero financiero. No obstante, Luis Echeverría salió a su rescate y lo mantuvo a flote con publicidad gubernamental.

Pero a raíz de la publicación de férreas críticas a su gobierno, reportajes, crónicas y artículos agresivos escritos por intelectuales como Daniel Cosío Villegas y Gastón García Cantú, el presidente rompió definitivamente con el diario y decidió elaborar un plan para destituir a Scherer. [3]

La gota que derramó el vaso fue la invasión, el 10 de junio de 1976, de los terrenos de Paseos de Taxqueña ―propiedad de la cooperativa de Excélsior― por parte de ejidatarios que respondían a las órdenes de Humberto Serrano, líder del Consejo Agrarista Mexicano (CAM) [4]. A partir de ese momento comenzó una campaña mediática de desprestigio contra Scherer que tuvo eco al interior del diario.

Es necesario recordar que Excélsior era una cooperativa desde 1932 ―hoy ya es una empresa privada y pertenece al Grupo Empresarial Ángeles de los Vázquez Raña―, lo cual explica que la Asamblea de los cooperativistas era la que elegía y deponía al director y al gerente del diario.

El golpe se consumó un mes después, cuando en una asamblea convocada ilegalmente e infiltrada por grupos de choque se determinó la destitución de Scherer, a instancias de Luis Echeverría. Pero lo que había sido uno de los atentados más fraglantes en contra de la libertad de expresión en México redundó en una apertura democrática de la prensa en el país, pues de ahí surgieron Proceso (1976), Vuelta (1977) Unomásuno (1977) y La Jornada (1984).

Proceso

El proyecto editorial que se constituyó como el legítimo heredero del Excélsior de Scherer fue Proceso, un semanario de información y análisis político que fue fundado por él mismo con la anuencia de más de 200 periodistas que lo respaldaron tras su expulsión y renunciaron al diario, entre los que se encontraban Vicente Leñero, Miguel Ángel Granados Chapa, Enrique Maza, Abel Quezada, Froylán López Narváez y Rafael Rodríguez Castañeda­.

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Julio Scherer García y Enrique Maza, quien bautizó a la revista naciente. Fotografía: Página 24 Jalisco. 

La fecha de su concepción fue el 19 de julio de 1976, tan sólo 11 días después del golpe a Excélsior. Esa tarde, Granados Chapa leyó un discurso en el Hotel María Isabel en el que anunció la creación de dos proyectos periodísticos: una agencia de noticias y un semanario, con el fin de poner las acciones de ambos a la venta. Dos meses después, la crítica de arte Raquel Tibol organizó una subasta de pinturas donadas por artistas solidarios para recaudar fondos para el lanzamiento de la revista. El día de su alumbramiento fue el 6 de noviembre de ese mismo año, con un tiraje de 100 mil ejemplares.[5]

A partir de lo expuesto en los párrafos precedentes, y con base en el testimonio de Rafael Rodríguez Castañeda, actual director de la revista, quien enuncia que “Proceso nace como producto de una confrontación con el poder y a esa historia no renunciamos, hoy como ayer, […] vive confrontado con los poderes por el hecho de ser como es y hacer lo que hace” [6], es posible afirmar que, durante sus 40 años de existencia, el semanario Proceso ha construido y mantenido un discurso a partir de su oposición con el gobierno mexicano ―sobre todo a nivel federal―, independientemente del partido de procedencia.

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Rafael Rodríguez Castañeda, actual director de Proceso. Al fondo, la portada del primer número del semanario. Fotografía: Proceso. 

Esto se emparenta con la tesis de la académica española Petra María Secanella, para quien la esencia del periodismo de investigación está en la oposición o enfrentamiento de papeles entre políticos y periodistas [7]. Rodríguez Castañeda está convencido de lo mismo: “Exponer semana a semana en la revista las lacras de una sociedad con frecuencia hipócrita y las tonterías de los hombres de poder, se alcanza mediante el instrumento del periodismo de investigación”[8].

En efecto, en Proceso comenzó la práctica de esta modalidad del periodismo en México ―fundado tan sólo 2 años después de la consumación del paradigmático Caso Watergate en EE.UU.― debido a su independencia política y económica, que posteriormente sería continuada por La Jornada (1984) y Reforma (1993), además de varios medios electrónicos ―véase MVS― y digitales ―Animal Político y Sin Embargo. Aunque también es necesario señalar que ha sido tildado como “periodismo de denuncia” por un sector de la población y sus detractores.

Desde sus primeros números ―el más antiguo consultado es el 13, del 29 de enero de 1977― hasta el más reciente ―2101, del 5 de febrero de este año―, Proceso ha manifestado un compromiso con los derechos humanos de las minorías y los grupos vulnerables y la libertad de expresión. En aquél denunció el etnocidio de indígenas chiapanecos perpetrado por soldados que llegaron a bordo de camionetas de la Unicef; en éste lo agravios cometidos contra miembros de la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti e intersexual (LGBTTTI) en el sistema penitenciario de la Ciudad de México.

Y en sus páginas han publicado Julio Scherer, Daniel Cosío Villegas, Vicente Leñero, José Emilio Pacheco, Heberto Castillo, Carlos Monsiváis, Rodolfo Stavenhagen, Rogelio Naranjo, Magú, Rius, Ricardo Garibay, Raquel Tibol, Emilio García Riera, Miguel Ángel Granados Chapa, Abel Quezada, José Reveles, Froylán López Narváez, Rafael Rodríguez Castañeda­, Daniel Lizárraga, Francisco Ortiz Pinchetti, Antonio Helguera, Javier Sicilia, Marta Lamas, Olga Pellicer, Sabina Berman, Anabel Hernández,  Denisse Dresser, y John Ackerman, entre una infinidad más.


Referencias.

[1]. Fernández Christlieb, Fátima , Los medios de difusión masiva en México, México, Juan Pablos Editor, 1998, p.29.

[2] Chappell Lawson, Building the fouth estate, democratization and the rise of a free press in Mexico, Berkeley, University of California Press, 2002, citado por Andrés Hernández Fernández, en Etapas de la relación entre la prensa  y el gobierno de México entre 1934 y 2012, cooptación, enfrentamiento  y abandono del periodismo mexicano. Tesis (Maestro en Ciencia Política),  El Colegio de México, Centro de Estudios Internacionales, 2013, p.57.

[3] Carmona Dávila, Doralicia, “Julio Scherer es destituido del diario Excélsior“, en Memoria Política de México, Centro Nacional de Estudios Políticos, [en línea]. Consultado el 9 de febrero de 2017, en: http://www.memoriapoliticademexico.org/Efemerides/7/08071976.html

[4] Villamil, Jenaro, “El golpe a Excélsior: 40 años del parteaguas del periodismo mexicano”, en Proceso, [en línea]. Consultado el 9 de febrero de 2017, en:  http://www.proceso.com.mx/446630/golpe-a-excelsior-a-40-anos-del-parteaguas-del-periodismo-mexicano]

[5] Proceso, “Historia de lo que somos” [en línea]. Consultado el 9 de febrero de 2017, en: http://www.proceso.com.mx/historia.

[6]  Matías, Pedro, “Los 40 años de Proceso han sido de encontronazos y victorias: Rodríguez Castañeda”, en Proceso, [en línea]. Consultado el 9 de febrero de 2017, en http://www.proceso.com.mx/463003/los-40-anos-proceso-han-sido-encontronazos-victorias-rodriguez-castaneda.

[7] Secanella, Petra María  Periodismo de investigación, Madrid, Tecnos, 1986, p.33.

[8] Matías, Pedro, op.cit.

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