Cultura: ¿Cómo soy?

 

La cultura es un sistema social fundado en herencias, en una tradición como una virtualidad, una posibilidad de producción de cambio y la reproducción de objetos concretos como:  ideas, valores, procedimientos, hábitos y toda clase de instrumentos para generar una convivencia, un ritual o reunión.
El núcleo fundamental son las tradiciones se generan y se reproducen de acuerdo a un sistema de selección histórica. Las tradiciones son ideas y reproducciones que se van modificando con el tiempo para poder adaptarse a los tiempos en que son reproducidas. “La complejidad de este concepto radica en el hecho de que el proceso de la cultura es a la vez un producto individual y social, una tradición y una virtualidad, una abstracción que está en cada persona cuando configura la percepción de su entorno. (Beristáin: 1985)cultura-general-ampliar

En otras palabras, la cultura, nuestra cultura, nos define y nosotros la definimos a ella. Es una construcción social que se genera a través de nuestra interacción con el entorno. La cultura se aprende y es aprendida, nunca la traemos de nacimiento. Esta construcción se da a partir de la interacción con el entorno social y construida por el lenguaje mismo. Nadie la impone, sólo las seguimos y las aceptamos de acuerdo a un conceso social.

La teoría nos dice que la cultura va de los social a lo práctico, sin embargo, la noción de cultura puede variar dependiendo a persona. No quiere decir que todos deben estar de acuerdo, sólo que la mayoría lo debe estar. Pero el poder en que la cultura se encuentra es nulo, pero distante. Es una práctica que se ve lejana para la mayoría y aburrida para otros tantos.

En México la cultura es un discurso que permanece dicho, se queda ahí, existiendo entre todo, pero nadie se atreve a tomarla y hacerla suya. Al contrario, se huye de ella por esa mala percepción en cuanto a ella. Que si es aburrida, que si es cansada, que si es cara. Todo esto son cliches formados por la mayoría de las personas, en donde, lo único que se pierde es el interés sin antes conocerlo.

Pero si la conocen, la cultura esta tan cercana a las personas que a veces se olvidan que la generan todo el tiempo: a veces se traslada en una ofrenda a los muertos, otras a exposiciones de arte donde la vista y la paciencia hacen todo el trabajo. No hace falta ser un genio, sólo seguir un orden establecido y un conjunto de reglas para la reproducción de estas.

Al partir del imaginario en donde tenemos dos culturas: natural y artificial. Se puede sustentar que la cultura natural es como la lengua con la cual nos comunicamos, la realización del habla, en donde las herencias son las que dictan las reglas. En este concepto, a diario la practicamos en una conversación y en una forma de percibir lo que somos y cómo nos ven los demás. Es colectiva desde luego por cómo nos ven como sociedad, esto no quiere decir que se generalice, sólo que es un acuerdo social.

Por otro lado, la cultura artificial, parte del imaginario de museos, obras de teatro, cine de arte, pintura, arquitectura y más. El problema de este tipo de cultura, está en su gestión y en el recibimiento de esta. En una sociedad en donde el salario mínimo es de $80.04 pesos al día y donde un boleto para una obra o exposición es de más de 100 pesos, no hay lugar para la cultura artificial.

De la misma manera, el sistema educativo “obliga” a ir a museos en lugar de alentar. Las tareas obligatorias de grandes cuartillas son un factor de reproducción y tradición que orilla a verlo como una exigencia y no como una forma de diversión más.

El poder en el discurso lo están dando como una orden y los oídos dominados así lo asumen, por lo cual la primera impresión resulta mala y tediosa. Las largas hora en el museo con todos los niños de una escuela o clase, convierten el paseo en una obligación que lejos de acercarlos a la cultura y las artes, los alejan y a veces para siempre.

De acuerdo con Foucault, esta percepción de lo que es cultura, seria tomada como la del loco, o personas sin gran aceptación, tanto de quienes las hacen como de quienes las distribuyen. Por su parte los medios colaboran al tener una sección y un seguimiento, a veces nulo, de eventos culturales. La difusión y la aceptación siempre debe estar respaldado por figuras que no sean consideradas desconocidas o ingenuas.

Pero, ¿Por qué es tan importante esta segunda cultura? La realidad es que, si bien en el consenso puede ser aburrida e insignificante, las elites, clases medias y altas son quienes dan importancia a este tipo de cultura. Con importancia no quiero decir que le den respaldo para que dejen de ser vistas como “aburridas”; al contrario, las clases bajas las ven aún más lejanas a su realidad. Aunque no lo sean.

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