DISCURSO FALAZ: LA PUESTA EN MARCHA DEL SISTEMA NACIONAL ANTICORRUPCIÓN

Aldo Jair Munguía Hernández

El pasado 18 de julio de 2016 el presidente de la República promulgó las leyes del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA). Durante su intervención aludió al conflicto de intereses del cual había sido señalado en el reportaje La casa Blanca, y pidió disculpas por el episodio.

Lejos de las disculpas tardías, pues se dieron ocho meses después, el mandatario pronunció un discurso que a continuación será analizado con base en la lógica aristotélica, específicamente en lo inherente a los argumentos falaces con el objetivo de mostrar cómo se construye el discurso anticorrupción desde los argumentos.

Antes de entrar en materia, es pertinente tener en cuenta qué es un argumento y por qué puede ser falaz. Se entenderá como argumento a la opinión seguida de su justificación, planteadas por un individuo o un grupo con el fin de hacer valor un cúmulo de ideas.

Un argumento falaz se caracteriza por ser un razonamiento incorrecto, pues contiene premisas verdaderas y una conclusión falsa. Es necesario establecer una relación entre premisas o argumentos y la conclusión o justificación. Sin embargo, que un argumento sea falaz no implica un rechazo de quien recibe el discurso, pues las falacias son persuasivas si no se analizan con detenimiento.

El discurso de Peña Nieto comienza con el saludo protocolario a los funcionarios públicos, a los mexicanos en general. Y comienza diciendo “Estoy convencido de que en unos años recordaremos este día como el inicio de una nueva etapa para la democracia y el Estado de Derecho en México.”

El mandatario no empieza con un argumento, pues como antes se señaló, éste se compone de una opinión seguida de la justificación. Es un juicio de valor que, sin embargo, funciona como exordio, pues el orador, este caso Peña Nieto, prepara el ánimo de los oyentes. Este es un punto definitorio porque es el primer contacto entre ethos (emisor)  y pathos (audiencia) y, por tanto, permitirá conocer el logos.

Cuando el presidente dice que está convencido de la trascendencia del SNA confiere importancia, exalta el discurso que pronunciará enseguida.

En la línea siguiente del discurso, el orador dice lo siguiente: “Hoy, los mexicanos, como aquí lo han referido quienes ya me antecedieron en el uso de la palabra, nos sentimos lastimados y dolidos por la corrupción.” El argumento está construido de forma que apele al sentimiento de dolor derivado de la corrupción, sin embargo, los mexicanos no están dolidos por la corrupción únicamente porque los mandatarios lo aseveren, sino por el hecho mismo que implica el desvío de recursos.

Hay una apelación a la autoridad (ad verecundiam) en lo que el presidente menciona, pues da por hecho que los mexicanos están dolidos porque una autoridad colectiva lo ha mencionado con renuencia. El esquema de la argumentación es: A sostiene que p, A tiene autoridad (en un tema no apropiado al contenido de p), por tanto, p es verdadero.

Cuando el presidente dice que los mexicanos están dolidos por la corrupción, la aseveración cae porque ¿los funcionarios públicos “mexicanos” que desfalcan las finanzas públicas o aprovechan su posición en el gobierno para pactar con empresas privadas se sienten ofendido?

El presidente prosigue y dice “En noviembre de 2014, la información difundida sobre la llamada Casa Blanca causó gran indignación. Este asunto me reafirmó que los servidores públicos, además de ser responsables de actuar conforme a derecho y con total integridad, también somos responsables de la percepción que generamos con lo que hacemos, y en esto, reconozco, que cometí un error.”

En el párrafo anterior, existe una falacia de composición. El orador toma un hecho específico, que se cumple en condiciones igualmente específicas: la Casa Blanca. Sin embargo, Peña transfiere las condiciones en las cuales fue acusado de conflicto de intereses a la totalidad de los servidores públicos.

La falacia transmite una característica particular a la totalidad del conjunto. Peña deduce que como su caso causó gran indignación, entonces, el cúmulo de servidores debe actuar en contra de lo que él realizó.  P1 a PN (funcionarios públicos) son partes de un todo T (gobierno); y P es una propiedad dada (prácticas de corrupción, Casa Blanca), entonces T es P.

Grosso modo la propuesta del presidente presenta, desde el discurso, una serie de falacias, de argumentos que no son justificados efectivamente. Sin embargo, eso es únicamente desde el discurso como texto escrito, habrá que analizar, en otro momento, la capacidad oratoria del Presidente en cuanto a temas anticorrupción, sobre todo porque a raíz de un posible conflicto de intereses, del cual él fue protagonista, impulsó la creación del SNA.

Fuentes:

Palabras del Presidente Enrique Peña Nieto, durante la puesta en marcha de las Leyes del SNA, recuperado de: https://www.gob.mx/presidencia/prensa/palabras-del-presidente-enrique-pena-nieto-durante-la-promulgacion-de-las-leyes-del-sistema-nacional-anticorrupcion

Torres, J. & Herrera I, A. (2007) Falacias, ETA.

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