Pederastia: Entre la hipocresía de la iglesia católica y la omisión gubernamental

Por Eduardo Martínez Pérez

A lo largo de la historia, las diferentes sociedades han sido sometidas al dominio de las dos instituciones más poderosas que existen: el Estado y la Iglesia. Aunque en la actualidad, ambas ejercen cada vez un menor rango de influencia social. Sin embargo, la esencia del ser humano, en especial del latinoamericano, está fuertemente arraigada en valores y preceptos instaurados desde la época colonial, cuando se instauró el culto católico en tierras americanas como una forma de control, a partir de la educación en la fe, que buscaba crear individuos mansos, resignados a lo que les tocaba vivir y sobretodo, sometidos a la voluntad de sus superiores, es decir, sacerdotes, obispos y cardenales.

Más de quinientos años después, hemos alcanzado una mayor apertura ideológica, incluso a la cual se han sumado tanto políticos como sacerdotes. El esquema de valores poco a poco se ha ido unificando y las prácticas deleznables al común de la sociedad lo son también para la mayoría de los miembros del gobierno y el culto católico. Sin embargo, hay un tema que parece ser tabú para políticos y una piedra en el zapato para las cúpulas eclesiásticas: la pederastia.

Inicio como un secreto a voces, para después convertirse en un hecho evidente, flagrante y vergonzoso. El nuevo milenio, trajo consigo el progreso tecnológico que a su vez propicio el surgimiento de herramientas de información tan valiosas como Internet y las ya infaltables redes sociales, a través de las cuales se difunde todo a una velocidad impresionante. Los casos de pederastia acaecidos por todo el mundo, ahora son denunciados y evidenciados  ante millones de internautas, además de que ahora la figura de las autoridades eclesiásticas, en especial, sacerdotes, ha perdido algo que en el pasado era complicado que incluso se cuestionara: su relación directa con la divinidad, lo cual les otorgaba credibilidad total ante cualquier simple mortal, en especial frente a un niño.

Abuso en nombre de dios. Foto: Germán Canseco
“Abuso en nombre de Dios” (Foto: Germán Canseco/Proceso)

Con respecto a este tema, las noticias son siempre frescas y generalmente, sin importar la ideología del medio, se condena de manera categórica esta aberrante práctica, aunque también es puntual señalar que no por ello se debe juzgar a todos por lo que hacen algunos. Como menciona Robert Ferguson en su libro “Los medios bajo sospecha”, hay patrones de pensamiento que juzgan de igual manera un suceso, hecho o acción, ya que son reglas convencionalizadas a nivel global de lo que es el bien y el mal, a pesar de ello, existen medios que sesgan verdades irrevocables a favor de ciertos intereses y otros que buscan a toda costa evidenciarlas. Por ejemplo, la Jornada en un artículo publicado hace poco más de un año menciona que el ex sacerdote Alberto Athie Gallo es guía y auxilio para aquellas y aquellos que han padecido de abuso sexual por parte de clérigos y quien en palabras duras y concretas dice que en la administración del Papa Francisco, las prácticas depravadas de miembros de la iglesia siguen siendo ocultadas y toleradas. Incluso, se permitió contar un poco a la reportera Blanche Petrich sobre las perversiones a las que el tristemente célebre fundador de “Los Legionarios de Cristo”, Marcial Maciel sometía a niños y adolescentes. Por su parte, El semanario Desde la Fe, desde luego, solo atina a decir que estas son tan solo meras habladurías de parte de grupos antagónicos a la institución eclesiástica.

Por su parte, el Estado mexicano ha sido siempre cómplice de estos actos, pues si bien no se ha descubierto un nexo que involucre a políticos de alto rango en estas prácticas, si han dejado en evidencia que no es algo que les preocupe, pues es raro escuchar en los medios de comunicación que alguien relacionado a la labor gubernamental emita juicio alguno sobre la pederastia, en parte porque no hay opiniones respecto a este tema en la cúpula de poder y en otra, porque como nos dice Foucault, en toda sociedad hay temas tabú, que se prefieren ocultar para no escandalizar a la población y así evitar poner en entredicho el poder de la iglesia como órgano rector de la moralidad social. Entonces, los órganos jurídicos a cargo del Estado, han de saber entonces, que hacerse de la vista gorda es también contribuir a que el problema continúe y por tanto son colaboradores directos en este asunto, pues a pesar de tener el poder de actuar contra los culpables, prefieren llevar la fiesta en paz con su eterna aliada y enemiga a la vez, la iglesia católica mexicana.

Referencias

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