La exclusión del campo por parte de los medios y el modelo económico

Por Guadalupe Jimarez

El campo, uno de los pilares de la economía mexicana (y de cualquier país) ha sido aislado del ahora. Hablar de agricultura es remontarse al pasado. Lo rural se quedó en el recuerdo y por tanto, en el olvido. En las páginas de los diarios de circulación en la Ciudad de México escasea la información sobre aspectos agrónomos.

La forma más común que tienen los medios para detallar a sus lectores sobre este ámbito es por medio de datos duros: estadísticas y porcentajes. Sin embargo, ¿en dónde queda la traducción al receptor? ¿En dónde se encuentran los economistas y especialistas cuyo labor es construir percepciones? Quizá y no exista un trabajo de dicha información por la falta de conocimiento de la materia por parte de la mayoría de los medios de comunicación mexicanos.

Roland Barthes afirma que la cantidad de relatos es equivalente a la producción de opiniones e ideas. No obstante, de acuerdo a Lévi-Strauss, el relato puede ser una “simple repetición fatigosa de acontecimientos, en cuyo caso, sólo se puede hablar de ellos remitiéndose al arte, o al talento y genio del autor” (1970). Sin embargo, también puede tener en común con otros relatos una estructura sea propensa al análisis por complejo que sea.

¿Cuál es el discurso dominante en medios mexicanos con respecto al ámbito de la agricultura? Con base en fuentes con 2 o más años de antigüedad, el campo presenta un problema claro y conciso: “falta un eslabón que permita a las pequeñas unidades productivas acceder a los recursos disponibles en el mercado o a los recursos asignados al campo por el Estado” (2013) . Por tanto, aún era posible desarticular la masa de datos para establecer una hipótesis que fungiera de guía para determinar el cause por el cual podría abordarse el tema.

No importa si las fuentes documentales afirman que la población rural se compone de 24 millones de personas, de las cuales, 10 millones pertenecen a la población económicamente activa, pero sólo 3 de productores poseen tierra en la cual puedan trabajar.  De acuerdo a la Universidad de Chapingo y el Centro de Estudios Estratégicos Nacionales, “la pobreza en el medio rural afecta al 81.5% de la población, y la pobreza extrema alcanza al 55.3%” (2013). La conclusión permanece latente: las “minorías”son excluidas.

Sin embargo, actualmente, el discurso propagado por los medios con respecto al campo mexicano se ha vuelto monótono cuando no es inexistente. Se mencionan las intenciones de la esfera gobernante por disminuir el rezago sufrido por la agricultura y ganadería, no sin antes mencionar: la situación de dicho ámbito es precaria y no desarrollada. Termina por basarse en describir un “quién”realizó tal acción en pro del campo o en contra del mismo. Es información acerca de personajes. Por su parte, la presencia del “por qué” en el abordaje del tema es escasa.

En definitiva, la falta de opiniones con respecto a la situación del campo en México acaba por mitificarlo. Así, es posible concebirlo como un ente alejado de nuestra realidad. Se vuelve algo aislado y por tanto, no merece atención por parte nuestra. Al ignorarlo, lo silenciamos, a pesar de que éste pide a gritos oídos para narrarles aquello que le aqueja.

Toda esta repetición discursiva ha derivado en el desinterés de los medios de comunicación por cubrir lo que sucede con el campo con la misma fiereza mostrada por los periodistas de La Jornada, con diez páginas dedicadas a la política mexicana. Y es que los temas relacionados con las minorías son enunciados, siempre y cuando, cumplan con el requisito de tener carácter político.

Ejemplo de ello es la comunidad LGBTII, cuya defensa de sus derechos tuvo cobertura por parte de medios de comunicación impresos y digitales por tocarse temas jurídicos, pues esta categoría contiene inmerso el concepto de “unión”. Por tanto, se determina la importancia de dicha problemática pues es “incluyente”. Contrario a esto, el campo es “excluyente”, pues sólo a un determinado sector le incumbe lo acontecido en este.

¿Cómo lograr que el ámbito del campo signifique una mayor relevancia en los intereses de todos los sectores? La respuesta podría estar en las líneas de Barthes. De forma aventurada, puede afirmarse que el discurso tendría que cambiar para basarse en la segunda clase de unidades narrativas mencionadas por el autor. Estas son los indicios, los cuales, puedan remitir a un carácter, sentimiento, atmósfera, filosofía o informaciones, cuya función sea ubicar al objeto de estudio (en este caso, el campo) en un tiempo y espacio.

Al otorgarle temporalidad a la problemática, se le da notoriedad. Como tal, los indicios despertarán en el lector la curiosidad de continuar a través del camino trazado por estos. Así, el receptor tendrá la necesidad de averiguar qué sucede en él. De igual forma, es necesario que dichos indicios sean abordados con base en la economía mexicana, pues, de esta manera, se planteará al ámbito agrónomo como un tema de importancia nacional.

Fuentes consultadas

Barthes, R. (y otros) (1970). Análisis estructural del relato. “Introducción al análisis estructural de los relatos”. Buenos Aires, Argentina. Editorial Tiempo Contemporáneo.

Reynoso, R (2013). “La situación del campo en México”. Disponible en http://www.coparmex.com.mx

La Jornada impresa (2017). Consultada el 20 de febrero de 2017.

El Universal impreso (2017). Consultado el 20 de febrero de 2017.

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