¿Necesidad de información o propaganda? El dilema en el terrorismo

Por Eduardo Chamorro

Nueva York, Madrid, Londres, Berlín y Francia, son ejemplos de ciudades de occidente, de los llamados países de primer mundo, pero también blancos que han sido víctimas de hechos terroristas a pesar de contar con la tecnología para prevenir y combatir estas prácticas que tambalean el orden social y político. Asimismo, son ciudades en donde los medios de comunicación han tenido un papel notorio con respecto a otros ataques sucedidos, por ejemplo, en África; en donde el terrorismo se manifiesta casi a diario. Si los medios de comunicación no les brindan cobertura a zonas apartadas del desarrollo occidental, no significa que no ocurran: la opinión pública no tiene conocimiento de ello porque los medios de información no hacen noticia.

Ya mencionaba, en la oportunidad anterior, el uso de los medios de comunicación como una herramienta de información, pero también como instrumento propagandístico del que echan mano los grupos radicales. La evidente vulnerabilidad del Estado que deja como consecuencia el terrorismo –pasando desde luego por las pérdidas humanas– es acrecentado por el efecto emocional; ambas secuelas requieren ser cubiertas y, sobre todo, divulgadas por los medios bajo el afán de informar y cumplir con su deber social. Aunque la cobertura no vaya más allá del primer mundo y la propaganda no logre separarse siempre de lo meramente informativo; entendiéndose a esta como una práctica con el fin de difundir ideales y reclutar simpatizantes.

Según explica Juan Ruiz de Azcárate, especialista en el sector de seguridad, si bien durante la Guerra Fría al islam no se le vio como una amenaza, puesto que existía la tensión con el bloque soviético, la crisis de hidrocarburos de 1973 generó de nueva cuenta preocupación al percatarse que los principales recursos energéticos se encontraban en manos árabes. A raíz de esto, los incrementos en los precios significó un nuevo planteamiento de los escenarios bélicos, en donde el cine y la televisión se encargaron de alimentar los estereotipos que marcaron al islam como “el otro” enemigo potencial para Estados Unidos (EE.UU.).

Pensar en el petróleo como un objetivo que motivó la lucha terrorista contra Iraq, no es algo difícil de creer. Los EE.UU. forman parte de la enorme lista de naciones capaces de jugar una dialéctica a base de conflictos bélicos con tal de mantener el motor de sus intereses económicos y políticos. En este sentido, la involucración de las nuevas formas de comunicación resultó cada vez más indispensable: la prensa escrita, la radio y la televisión son un altavoz gratuito, al mismo tiempo que provocó que términos mal relacionados (como “terrorismo islámico-islamista, árabe-musulmán), la asociación de Al Qaeda con el mundo musulmán o el empleo de fotografías extremadamente duras en noticiarios, crearan un panorama en donde religión y terrorismo es una identificación.

Prueba de lo anterior se dio a partir del evidente auge del terrorismo en los noventa y ochenta. Los medios de comunicación adoptaron un discurso que representaba a la cultura oriental como algo “extraño”, y en donde la idea sobre el dominio del mundo árabe y musulmán se manifestaba con mayor frecuencia en los canales de información “sin especificar ni nacionalidad ni religión (se supone que todos son árabes)”, y lo hacían “como si fuesen terroristas, delincuentes, fanáticos, o analfabetos, o por el contrario, de millonarios emires petroleros que gastan sus fortunas alocadamente”, puntualiza Ruiz de Azcárate.

Para Robert Ferguson, los trágicos eventos del 11 de septiembre condujeron a una aprehensión por parte de la cultura popular y mercadotécnica, más que a un afecto en los medios de comunicación. Para él, a pesar de haberse modificado el escenario político mundial, hay poca evidencia de una alteración en las prácticas de los medios. No obstante, debemos tomar en cuenta que dentro del discurso mediático los dilemas ideológicos forman parte de las representaciones del día a día, de ahí que “la índole, la calidad y el impacto social de los dilemas se desplazan y cambian junto con el mutable clima social y económico”, indica Ferguson.

La gente tiene necesidad de información, lo acontecido en la realidad genera más atracción en la medida que afecta su entorno. Sin embargo, como señala el periodista Gabriel Sánchez: “Aunque los gobiernos y las instituciones supranacionales tratan de frenar la avalancha de información procedente de los grupos terroristas, es prácticamente imposible erradicar de la red los sitios en donde cualquier ciudadano del mundo puede encontrar información y propaganda”. La libertad de expresión y el derecho a ser informados pareciera exigir una regulación más estricta para no caer en fines propagandísticos con casos en donde, particularmente, se deja en evidencia el lado más cruel de la humanidad: la tortura. Episodios específicos se tratarán más adelante.

Referencias

Ferguson, R. (2007). Los medios bajo sospecha. Barcelona: Gedisa.

Ruiz, J. (2015). Islam, terrorismo y medios de comunicación [archivo PDF]. Recuperado el 19 de febrero de 2017 de http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2015/DIEEEO83-2015_Islam_Terrorismo_MediosComunicacion_J.Azcarate.pdf

Sánchez, G. (2010). Propaganda terrorista y medios de comunicación. Comunicación y Hombre, sin mes, 103-122. Consultado el 19 de febrero de 2017 de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=129418690006

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