AMLO entre las acusaciones, pero no entre el análisis

Por Eduardo Chamorro

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tiene un papel importante en la política mexicana. Es de conocimiento su periodo en la jefatura de gobierno de la Ciudad de México –ni cómo olvidar sus conferencias mañaneras–, su candidatura presidencial en el 2006 –por cierto, con una campaña de acusaciones y un margen muy estrecho en los resultados que le dieron el triunfo al expresidente Felipe Calderón y que dejó en duda la existencia de un fraude electoral–, además de su segundo intento en el 2012 –perdiendo ante el actual mandatario Enrique Peña Nieto–, y claro, no se puede omitir que una vez más buscará la presidencia de la República en el no tan lejano 2018 con el partido que dirige, Morena.

Hago las anteriores menciones porque como lo indica Robert Ferguson en su libro Los medios bajo sospecha, el análisis de los medios requiere forzosamente de dos aspectos: la vinculación con el contexto social y la postura de estudio, pues “si queremos estudiar cómo se negocia el significado, tanto en los medios contemporáneos como en las formas de comunicación de generaciones anteriores, tenemos que informarnos sobre el contexto histórico”; en este sentido, López Obrador siempre ha estado en la controversia política; y mi postura será una: Andrés Manuel es el consentido de la comunicadora Carmen Aristegui y Peña Nieto el peor posicionado. Espero tener oportunidades para presentar el porqué de mis juicios, lo acontecido esta semana es tan sólo una muestra.

En el programa del 20 de febrero de Aristegui en vivo, AMLO fue el gran protagonista. La información sobre la firma del Acuerdo Político de Unidad por la Prosperidad del Pueblo y el Renacimiento de México valieron tres reproducciones de las declaraciones hechas por López Obrador al periodista Carlos Marí, pero además 36 minutos fueron designados para la mesa política con Sergio Aguayo, Denise Dresser y Lorenzo Meyer, con un “análisis” que pareció más elogio hacia quien “vuelve a estar en las encuestas como puntero”, indicó Aristegui en cierto momento.

Para rematar, en la transmisión del jueves 23 de febrero, el presidente de Morena fue centro de atención una vez más, aunque solamente quedó en el resaltado titular que acompañaba al reproductor online. En esta ocasión apenas cuatro minutos fueron los destinados a presentar los videos entre las acusaciones AMLO-Yunes (en las que por cierto se omitieron los ataques a los reporteros dichos por Andrés Manuel); la respuesta Yunes-AMLO; el reto AMLO-Yunes y la contestación final de Yunes Linares a López Obrador. Ni un minuto invirtió Aristegui en analizar o comentar lo ocurrido, como lo había hecho tres días atrás. Además, la nota informativa fue presentada por un reportero, Gustavo Sánchez; la conductora prefirió invertir su tiempo en darle participación a otras voces aprovechando su estancia en Alemania, desde donde transmitía.

Los videos presentados tuvieron origen el miércoles 22 en el estado de Veracruz, fueron adelantados en diversas ocasiones por la periodista. Si me lo permite el lector, pensé que mis afirmaciones sobre el favoritismo hacia AMLO se caerían en cuanto Carmen Aristegui presentara el material y diera un tratamiento a la información. Pero no ocurrió. La mesa de análisis tampoco llegó, cuando era importante porque, de ser cierto lo que acusa el gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, sobre si Morena recibió dinero del prófugo exgobernador Javier Duarte, sería el golpe más difícil para López Obrador sin apenas haber empezado la precampaña electoral.

¿Qué podemos encontrar en este primer acercamiento? Propongo dos cosas: la primera tiene que ver con el realismo en los medios y la segunda con el contexto político-social que se manifiesta en el país. Según Ferguson, los medios dan sentido a la realidad a partir de juicios ligados con la preocupación de credibilidad, y Aristegui tiene mucha necesidad de eso, de mantener la imagen “de verdad” que proyecta: qué mejor si a través de los acontecimientos que dejen mal parado al gobierno y no a terceros, como a Andrés Manuel.

En segundo lugar, y es mi mayor apuesta, el panorama visible son las elecciones del presente año. El Estado de México será la entidad más competitiva, me atrevo a afirmarlo: si el PRI pierde el Estado que cuenta con el mayor número de electores, tiene perdida la elección federal del 2018. A esto sumémosle la estrecha popularidad que mantiene Delfina Gómez, la abanderada de AMLO, con su contrincante tricolor Alfredo del Mazo. Algo que relacione a Andrés Manuel y que lo deje mal posicionado, como las acusaciones de Yunes ¿merecería un análisis en Aristegui en vivo? Por lo menos esta semana no.

Referencias

Ferguson, R. (2007). Los medios bajo sospecha. Barcelona: Gedisa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s