La Jornada y su opinión mordaz

Por Guadalupe Jimarez

Medio de comunicación: La Jornada

Para La Jornada, la opinión es el pan de todos los días: sus páginas están empapadas de columnas y artículos de opinión. En cada uno de estos impera un elemento discursivo notable; el sarcasmo. Y es que los mexicanos nos desayunamos un café junto con un plato lleno de sátira, ironía y mordacidad. ¿Por qué no lo harían los medios de comunicación de la misma nacionalidad?

La sección de opinión es rica en contenido, pues entre columnas y artículos de opinión  hay de 15 a 16 cada día. Sin embargo, La Jornada es pobre en discurso. Quizá y la culpa sea de la línea editorial. No obstante, al leerse entre líneas, con la esperanza de hallar a un periodista con ansías de “salirse del corral”, es inútil la búsqueda. Cada uno milita contra la clase gobernante, excepto por un sector: la izquierda (con tintes de derecha). Se habla de un personaje, ampliamente conocido, quien al nombrarlo, basta con escribir AMLO, en negritas, por si la vista le falla al lector.

En Teoría del Periodismo de Opinión de María Susana González Reyna se menciona que en los textos de opinión deben existir juicios de intenciones de los agentes de la acción. Lo cual significa una especie de conjeturas derivadas de una interpretación  sobre las acciones que llevaron al sujeto a actuar de tal forma. Cada aseveración está sustentada por información.

Asimismo, otro elemento existente en los contenidos de opinión es la “interpretación conectiva de actos de habla precedentes con objeto de explicar lo actual y conjeturas sobre consecuencias” (2013). Por ello, en todo el desarrollo del texto de opinión debe existir una coherencia en la interpretación. Se deben responder demasiados “por qué” y “cómo”. Pues no basta decir “quién”.

No obstante, en La Jornada se hablan de percepciones acerca de Andrés Manuel López Obrador. No de hechos concretos: “es la solución viable para este 2018”. Ante este tipo de aseveraciones es importante preguntarse: ¿por qué se afirma tal cosa? En la opinión, los juicios de valor no son de carácter prohibido si estos poseen un argumento. “Su limpieza  y el buen gobierno que tuvo en la capital”: jamás se dejan ver los razonamientos por los cuales se establece dicha tesis. Esta tendencia se presenta a lo largo de la semana en dicho diario.

Las personalidades pasan a segundo término, pues lo que interesa es saber acerca de sus acciones y cómo estas afectan a los demás. Por ello, si la prensa se estanca en el periodismo de personalidades, acrece la desinformación. Esto se comprueba al cuestionarnos: ¿nos interesa más saber si hizo su trabajo determinado funcionario o conocer cómo lo hizo?

Los colaboradores de este medio muestran en sus columnas y artículos de opinión, por lo general, las retribuciones recibidas por los lectores. Como una muestra de honestidad al periodismo mexicano. Responden cuestionamientos, aclaran señalamientos empleados en días pasados, agradecen palabras de cariño y reconocimientos a su labor periodística. No obstante, es difícil, por no decir imposible, encontrar comentarios no positivos hacia el autor. Esto comprueba dos aseveraciones:

  1. El lector le rinde culto a la caja de eco. Leerá y consumirá contenido que refuerce lo que cree.
  2. El lector es un individuo pasivo. No le interesa colaborar en procesos informativos. Puede saber o no del dato erróneo o de las aseveraciones injustificadas y no documentadas escritas por el periodista, pero no le corregirá.

La libertad de expresión hace su aparición en columnas como “Puntos sobre las tes”. Se aborda a la fiesta brava como deporte. Se opina acerca de la riqueza cultural que trae consigo ésta. Otro tema tabú descrito en el contenido de La Jornada es la eutanasia y el derecho a la mujer a decidir sobre su cuerpo. Sin embargo, el término “aborto” queda dado por sentado debido al contexto, mas no por la mención del mismo.

Otra tendencia en La Jornada es la omisión de los nombres de determinados políticos por “aquel”, “el malvado”, “el inconsciente”, “el que pertenece al PRIAN”. De este modo, la persuasión se hace presente. Tal y como menciona Kathleen K. Reardon: es la actividad donde se trata de demostrar y de intentar modificar la conducta de por lo menos una persona mediante la interacción simbólica”. Esta clase de elementos (omisiones y términos creados a partir del contexto) guían al lector a inclinarse ante la ideología que presenta dicho medio.

Así, se cumple aquello enunciado por González Reyna: la opinión periodística no aborda hechos, si no que, a partir de ellos, elabora ideas. “Su función comunicativa está determinada por la necesidad de persuadir” (2013). Por tanto, en la sección de opinión imperará la retórica, la cual será un arma cuyo fin es acercar al lector a la linea editorial del medio de comunicación, aunque ello provoque el poco entendimiento del hecho en concreto.

Finalmente, en un medio de comunicación es importante la existencia de riqueza en opiniones. Se necesitan periodistas de diversas ideologías en cada periódico. De lo contrario, estaremos leyendo lo mismo cada día.

Fuentes consultadas

González Reyna, M (2013). Teoría del periodismo de opinión. “Los géneros periodísticos y la opinión”. Universidad Nacional Autónoma de México. Ciudad Universitaria, México.

La Jornada impresa. Consultada el 19 de febrero de 2017.

La Jornada impresa. Consultada el 20 de febrero de 2017.

La Jornada impresa. Consultada el 21 de febrero de 2017.

La Jornada impresa. Consultada el 22 de febrero de 2017.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s