Luchar por el discurso del poder político

Por Berenice Santos

Una de los retos del Estado es fomentar la participación y la inclusión política, tan solo en las elecciones presidenciales del año 2012, los votantes representaron 63.34 por ciento de los 79 millones 454 mil 802 de ciudadanos y ciudadanas registrados en la lista nominal, según datos de Instituto Nacional Electoral. Y con 32.62% como se sabe, ganó Enrique Peña Nieto.

Sin embargo, durante su mandato ha provocado diversos disgustos y decepciones a la ciudadanía mexicana. Por ello, las elecciones del 2018 son decisivas para el camino que seguirá el país. Ante tal crisis de credibilidad a los partidos que han gobernado por décadas como el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de Acción Nacional (PAN), diversos actores han optado por ser políticamente activos, así los candidatos independientes han decidido alzar la voz y luchar por tener el discurso del poder, de decisión.

Ya el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), anunció a finales del año pasado, que van a proponer a una candidata indígena para la presidencia, sin embargo, no será una mujer que forme parte del movimiento, ya que declararon que el “EZLN no lucha para tomar poder”. Parte del comunicado es el siguiente:

Nos declaramos en asamblea permanente y consultaremos en cada una de nuestras geografías, territorios y rumbos el acuerdo de este Quinto Congreso Nacional Indígena (CNI) para nombrar un consejo indígena de gobierno cuya palabra sea materializada por una mujer indígena, delegada del CNI como candidata independiente que contienda a nombre del CNI y el EZLN en el proceso electoral del año 2018 para la presidencia de este país”.

En este hecho hay dos vertientes, el EZLN junto al CNI -ambas instituciones conformadas por indígenas-  tienen intenciones de apropiarse del poder del discurso, de ya no distinguirse como “nosotros los indígenas” y “ellos” la clase política.  Por otra parte, aunque el EZLN afirma que no lucha por la toma del poder, al apoyar con ciertos discursos, lo hace.

Bien afirma Michel Foucault: “El discurso no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que, y por medio de lo cual se lucha, aquel poder del que quiere uno adueñarse”. Por lo tanto, ambas organizaciones están luchando con el discurso mismo, para llegar al poder y tener la posición de tomar decisiones.

Por otra parte, también el movimiento Ahora, apoya a Emilio Álvarez Icasa ex secretario Ejecutivo de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), para que sea candidato presidencial. Mediante dos formas: postularse como candidato independiente o con el apoyo de algún partido.

emilio
Emilio Álvarez Icasa

La asociación Ahora, a diferencia del movimiento anterior, es apoyado por actores como el activista Javier Sicilia y la Politóloga Denisse Dresser, ellos en conjunto buscan al igual que el EZLN y la CNI, apropiarse del discurso político. Sin embargo, se diferencian porque están dispuestos a ser apoyados por algún partido político dominante. Ellos quieren pertenecer a lo que Foucault, define Sociedades del discurso, en este caso a la élite política.

Parte del discurso de Emilio Álvarez es el siguiente:

Donde los y las jóvenes puedan estudiar lo que quieran de manera gratuita y construir sus sueños. Que sus horizontes no sean la violencia, la pobreza o la migración. Queremos que este momento, de la mayor proporción de juventud en la historia de nuestro país, sea la oportunidad para la rebeldía, la capacidad transformadora, el empuje y la fuerza de las y los jóvenes. Que el nuevo tiempo tecnológico traiga más oportunidades y más inclusión para cada joven. Donde las mujeres puedan aportar toda su genialidad, capacidad y talento desde su ser mujeres.”

Se dirige a una sociedad homogénea, donde todos sufren algún tipo de problema y que tienen como necesidad y fin la inclusión social, económica, política, etc. Pero siempre existe la distinción de “nosotros” (los que podemos decidir) y “ellos” a quienes debemos apoyar.

De igual forma, Foucault afirma que: “La doctrina vincula a los individuos a ciertos tipos de enunciación y como consecuencia les prohíbe cualquier otro; pero se sirve, en reciprocidad, de ciertos tipos de enunciación para vincular a los individuos entre ellos, y diferenciarlos por ello mismo de los restantes”. En los ambos casos expuestos desde el discurso mismo se hace un proceso de distinción.

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