Hablemos de Camerún

Por Esteban González

“Yo no he hecho nada malo. Sólo lucho por la igualdad en mi país, pero a mi gobierno no le gusta la libertad de expresión” declaró entrevista el ciberactivista de origen camerunés Thomas, quien desde hace dos años vive en Cantabria, España con el fin de huir de las amenazas en su país. El periódico español ha publicado varias notas en las que se relatan historias parecidas a las de Thomas, que narran la discriminación que sufren los cameruneses angloparlantes, en especial cuando aspiran a obtener puestos públicos.

La construcción de estas notas gira entorno al activismo digital en su mayoría, pues en la región el internet es una herramienta en extremo limitada, y se calcula que sólo un 5 por ciento de la población tiene acceso a ésta. El discurso que se maneja en los medios de origen español varía bastante, están desde los que critica las acciones militares del ex presidente Obama en la región, hasta los que se enfocan en la oleada de amenazas y coacción contra los cibernautas subversivos. Sin importar el enfoque, en la construcción de estas notas es visible una línea: el país es retratado como una zona de extremo peligro, y su gobierno es tachado de incompetente e incluso violento y retrógrada. En estos párrafos no se pretende plantear la idea de que estos medios se encuentren en un error, sino observar que la situación que se vive en el país implica un choque ideológico con la concepción occidental de lo que debe ser, ya sea una nación, una democracia, una ciudadanía, etcétera.

Este mismo concepto es el detonador de estos brotes, los choques sucedidos en un espacio discursivo digital conocidos como ciberactivismo. Como la mayoría occidental, opino que este tipo de régimen político presenta una serie de fallas —que van desde violar los derechos humanos hasta perjudiciales decisiones militares—, mismas que lo hacen más susceptible a este tipo de levantamientos, en este caso sustentados en el mundo del discurso digital. El gobierno camerunés responde a estos ataques con otro tipo de discurso, con la censura dirigida al otro, al atacante o enemigo que traiciona a su patria o a su sistema de valores. En el caso de Thomas, el periódico publica que el gobierno disfrazó sus amenazas bajo una excusa que ofrece la vía legal en el país: Thomas es amigo de un ciudadano abiertamente homosexual, acto que es considerado ilegal ante la legislación del país, y que puede ser castigado con cárcel Thomas relata que el gobierno se molestó con sus tweets y usó el pretexto de que él mismo podría ser homosexual para hacerle perseguir.

El autor de este artículo, María José Carmona, no sólo dirige su crítica al gobierno de la región africana; sino que devela la ineptitud de los órganos españoles encargados de asegurar asilo a los solicitantes extranjeros. En la entrevista, se revela cómo es que Thomas se siente obligado a volver a la zona de peligro, pues no consigue empleo en ningún lado a pesar de hablar tres idiomas y contar con la tarjeta roja, un documento provisional que le permite residir y laborar en la nación europea, pero cuya cualidad de perecedero ahuyenta a cualquier posible empleador.

Quizá esto refleja también temas más arraigados en la mentalidad de un sector occidental, en el que aun prevalece el racismo o el conservacionismo por el prójimo, en el que va primero el español y después, o nunca, los demás. No es una declaración definitiva, pues el artículo por sí mismo no brinda la información suficiente para llegar a tal conclusión, sin embargo brinda una cifra interesante que podría apoyar esta contemplación: para finales del año 2015 existían 16 mil 400 peticiones de asilo bloqueadas, de acuerdo a una denuncia realizada por Amnistía Internacional. Como se menciona en este párrafo, no se trata de una declaración, sino la propuesta de problematizar más allá de lo que ofrecen los datos oficiales, de indagar en qué es lo que motiva a las autoridades a renovar documentos con fecha de caducidad en lugar de ofrecer seguridad a quien corre peligro; o si realmente la temporalidad es lo que ahuyenta a los empleadores españoles o se trata de un problema mayor. Considero que vale la pena indagar en estos planteamientos y abordarlos desde un abanico de posibilidades más amplio.

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Un comentario sobre “Hablemos de Camerún

  1. Hola, Esteban.
    Tus textos son integrales de principio a fin y eso se agradece.
    Tienes pocos problemas, pero te voy a mencionar los que me he dado cuenta: No respondes a las preguntas que haces y no estás relacionando tus textos con las lecturas.
    Debes arriesgarte a contestar las preguntas que haces, hacer una hipótesis y defenderla con argumentos. No hagas artículos de opinión donde nada más dices lo que crees disfrazado de preguntas: tu trabajo en este blog es, a partir de las lecturas, tratar de retratar las políticas de comunicación tomando en cuenta lo que se publica y hasta el momento no lo has podido lograr.
    Considero que si relacionas las lecturas con tus textos (no necesariamente citas textuales) se potenciarían mucho más porque vas a tener argumentos más sólidos.
    Aguas nada más con la extensión de tus entradas: cinco párrafos no son dos cuartillas.
    Aguas, ya te retrasaste dos semanas. No aflojes

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