La interpretación del yihadismo

Por Eduardo Chamorro

Los atentados terroristas del 11 de septiembre son el principal detonante para el análisis del tratamiento de la información en torno a dichas prácticas. De iniciarse en lo meramente regional, hoy en día el terrorismo posee una dimensión internacional. No obstante, antes de abordar lo ocurrido en aquel 9/11, conviene tener un contacto con el llamado terrorismo yihadista, dada su relevancia informativa-propagandística después de los hechos de aquella fecha.

Para la licenciada en Derecho Tanía Rodríguez, en la actualidad el terrorismo global está representado por el grupo Al Qaeda, autodenominado yihadista y que por consiguiente remite al llamado terrorismo global. La implementación del miedo como forma para desestabilizar el orden social y poner en duda la resistencia política, se ve materializado a través de los actos terroristas; lo conseguido por Al Qaeda en aquel 11 de septiembre, y persistente entre sus franquicias, es evidencia de ello.

Convencionalmente, yihad se ha traducido como “guerra santa”. En árabe, literalmente es comprendido como “esfuerzo”, pero dentro del Corán como un “esfuerzo en beneficio de la religión”. Según el profesor e investigador Manuel Torres Soriano, ante la relación del término con el terrorismo de Al Qaeda, este permite entenderse como “guerra con significado religioso”. Ahora bien, yihad es un concepto compartido entre la comunidad musulmana (de ahí sus múltiples interpretaciones), por ello hablar de yihadismo conduce a “aquella lectura que enfatiza la yihad armada como uno de los pilares fundamentales de esta religión y el principal criterio a través del cual un musulmán debe juzgar su fe”.

Por lo anterior, y a pesar de que los yihadistas hacen uso de los mismos textos y legados históricos de otros musulmanes, es posible comprender las interpretaciones tan variantes en busca de la legitimación de la agresión y las normas de guerra. Asimismo, podemos ver que de una confusión en términos se deriva toda una serie de visiones de la comunidad musulmana. Abdullah Azzam, ideológico yihadista y cofundador de Al Qaeda, señaló alguna vez lo siguiente:

“Cualquiera que no lleva a cabo la yihad hoy día está abandonando su deber, al igual que cualquiera que coma durante el Ramadán sin excusa, o el rico que no da limosna”.

Según Bridgitte Nacos, académica que ha estudiado el fenómeno yihadista y propagandístico del terrorismo, las acciones violentas ejercidas están bajo tres objetivos de cierto modo universales: la atención, el reconcomiendo y el respeto a través de la legitimidad de sus actos.

No obstante, antes de ahondar en la legitimidad religiosa del terrorismo, conviene distinguir dos términos que, a mi juicio, son susceptibles a tratarse como sinónimos: me refiero al islam e islamismo. De acuerdo con Torres, el islam hace alusión a la esfera de tipo espiritual, cultural y social del individuo; el islamismo tiene dimensiones políticas-religiosas para la adquisición del poder, en este sentido, busca la revitalización del islam en la sociedad. El yihadismo demanda esa islamización total entre los individuos, apuesta por la violencia para lograr el control social y político. Se puede decir que va de niveles micros (individuos) a macros (sociedades).

El factor violencia es quizá lo más significativo si tomamos en cuenta las posturas de otras corrientes islamistas como la de los Hermanos Musulmanes, que promueven el cambio lento y paciente, mas no dudan en establecer la yihad como herramienta legítima junto con una normativa religiosa. El yihadismo apuesta a la violencia por su aparente efectividad y el llamado “mandato religioso”, pero a pesar de que el reclutamiento toma ventaja del predicamento y la islamización, la ejecución terrorista es una respuesta ante el fracaso de los métodos pacíficos del mundo musulmán.

Así, hablar de islamistas violentos y no violentos es una percepción cada vez más usual, dividida por una delgada línea en la interpretación de términos sobre el uso de la yihad armada y los límites de esta.

El profesor Torres Soriano afirma que en un principio la teoría política islamista no aceptaba la yihad para la instauración del Estado islámico hasta la segunda mitad del siglo XX cuando sus allegados le añadieron contenidos subversivos. Por otra parte, para el especialista en seguridad Juan Ruíz de Azcárate, los años 80 y 90 vieron la aparición de redes terroristas de carácter fundamentalista que al final terminaron por configurar el surgimiento de la idea amenazante de la yihad, mediante la cual los árabes “invadirán el mundo”. Las lecturas yihadistas han sido y continuarán en el debate.

Referencias

Rodríguez, T. (2012). El terrorismo y nuevas formas de terrorismo. Espacios Públicos, enero-abril, 72-95. Consultado el 5 de marzo de 2017 de http://www.redalyc.org/pdf/676/67622579005.pdf

Ruiz, J. (2015). Islam, terrorismo y medios de comunicación [archivo PDF]. Recuperado el 6 de marzo de 2017 de http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2015/DIEEEO83-2015_Islam_Terrorismo_MediosComunicacion_J.Azcarate.pdf

Torres, M. (2007). La dimensión propagandística del terrorismo yihadista global. Tesis de grado doctoral. Universidad de Granada. Consultada el 5 de marzo de 2017 de https://uvadoc.uva.es/bitstream/10324/18138/1/TFG-N.462.pdf

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