El 8 de marzo y Aristegui

Por Eduardo Chamorro

En mi primera oportunidad sobre el análisis del noticiario Aristegui En vivo, mencioné que la comunicóloga Carmen Aristegui tiene un papel importante en los medios informativos mexicanos, además de “ser la mujer que no calla a pesar de los golpes de censura”. Desde mi punto de vista, la sociedad mexicana es capaz de percibir que en el país aún continúan existiendo grandes retos para alcanzar la igualdad de género y erradicar la violencia contra la mujer.

Por excelencia, y según explica Robert Ferguson en su libro Los medios bajo sospecha, el género forma parte de una triada popular junto con la clase y la raza. No obstante, difícilmente deberíamos concebir que los medios son promotores de las desigualdades que padece el género femenino a causa del machismo; mejor dicho, los medios únicamente “guían a la sociedad en la formación de ideas y opiniones”.

A pesar de que desde el año 1990 Estados Unidos celebra el Día Internacional de la Mujer, fue hasta 1977 cuando la Asamblea General de las Naciones proclamó oficialmente el 8 de marzo como la fecha para conmemorar y reconocer la lucha del género femenino por la igualdad y sus derechos.

Entre este panorama, comúnmente se halla, previo y durante el 8 de marzo de cada año, lo concerniente a esta celebración dentro de la agenda de los medios. No es para menos, pues según explica la investigadora Raquel Rodríguez, “la agenda de los medios es una de las variables más resultantes a la hora de generar el índice de contenidos que ocuparán las portadas de los medios durante un periodo de tiempo”.

No obstante, en la semana de dicha fecha, Aristegui En vivo no dedicó su tiempo para tratar la problemática y retos de la mujer mexicana más allá de lo mero superficial; más allá de que el programa es conducido por una mujer, por cierto, muy influyente, y que como lo indica Ferguson: “Si aceptamos que la diferencia de género es una categoría producida socialmente, los medios por los cuales este proceso de producción se logra pasan a adquirir una significación crucial”.

Considero que Carmen Aristegui logró tener un “auge” –disculpe si el término es poco académico– luego del famoso rumor del alcoholismo del expresidente Felipe Calderón y las consecuencias que esto trajo. Su cese del aire, las manifestaciones afuera de las instalaciones de MVS Radio y la constante demanda de un caso de censura, dieron a Aristegui poder; quizá sobre los medios, quizá sobre la sociedad; quizá en ambos. No lo digo por decir, en el 2014 Forbes colocó a la comunicadora en el puesto número dos de las 50 mujeres más poderosas, solo estuvo por debajo de la empresaria María Asunción Aramburuzabala.

Al principio del noticiario online del pasado miércoles, Aristegui saludó al sexo femenino en el marco del Día Internacional de la Mujer. Sin embargo, y a pesar de haber adelantado que habría “muchas informaciones” por la conmemoración del 8 de marzo, solamente se presentaron dos.

La primera nota fue más bien una video columna de la actriz y consejera de la Organización Nacional Anticorrupción Karina Gidi; la segunda estuvo basada en la lectura del comunicado firmado por rectoras de diversas universidades mexicanas que convocaron al simbólico paro internacional de mujeres para “el pronunciamiento por la igualdad y la detención de violencia de género”. Imprescindible eran comentarios de la conductora como “¿Pues ya qué hacemos aquí? ¡sumémonos al paro! Ja, ja, ja”. Me quedó a deber y mejor sonó Natalia Lafourcade al final.

Sorprende que Aristegui no brindara más espacio en su noticiario por internet para presentar reportajes, perfiles y, por qué no, análisis de la necesidad de políticas públicas que ayuden a mejorar el desarrollo de la mujer mexicana. No se trata solamente de un asunto de agenda, se trata de género: es del sexo femenino, se ha pronunciado contra toda forma de violencia hacia este y, más importante: tiene poder. A penas a finales del 2016, Carmen afirmaba en el Festival BBC 100 Mujeres que lo primero es demostrar que las mujeres no son tontas; entonces, ¿por qué no informar más del tema?

Y por último: ¿en dónde quedó la famosa mesa política?, ¿entre las elecciones y Enrique Peña Nieto?; ¿en verdad no quiso seguir la agenda de los medios o prefirió mejor complacer a la audiencia con su portada en Vanity Fair México?… Mejor ni cuestionarlo.

Referencias

Ferguson, R. (2007). Los medios bajo sospecha. Barcelona: Gedisa.

Rodríguez, R. (2004). Teoría de la agenda-setting. En Teoría de la Agenda-Setting aplicación a la enseñanza universitaria. España: Observatorio Europeo de Tendencias Sociales. Recuperado el 9 de marzo de 2017 de http://www.obets.ua.es/obets/libros/AgendaSetting.pdf

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Un comentario sobre “El 8 de marzo y Aristegui

  1. Hola, Chamorro. Considero que tu entrada es buena porque lo relacionas con lo que dice Ferguson sobre el género, también creo que tu pregunta fue pertinente. Si no entendí mal, cuestionas la razón por la que Carmen Aristegui no hizo alusión de manera más profunda al 8 de marzo, cuando se conmemoró el Día Internacional de la Mujer.
    Desde ese punto de vista, sentí un poco la generalización, pues en realidad no sé qué tanto se dijo en su portal Aristegui Noticias sobre el tema. Tal vez hubiera sido pertinente que lo checaras, a pesar de que no es el medio que te corresponde analizar, para realizar una especie de comparativo. Incluso también su cuenta de Twitter o algo así.
    También pudiste haber profundizado en la teoría y aterrizarlo un poco más en lo que dice el autor respecto al género.
    López Gaona Karina

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