Entre la apertura y lo hermético

Por Ana Añorve Vidal

Sí, es innegable la apertura por parte de los medios de comunicación masivos respecto al colectivo LGBTTTI (aunque aún parcial), cómo han logrado ingresar tanto en los argumentos narrativos de películas y series de televisión, hasta como conductores en determinados programas. Sin embargo, no ha sido todo obra de la diversificación de contenidos y aprobación social del lado tradicional mediático, sino que ha irrumpido en la escena el Internet y sus plataformas digitales.

Se habla de plataformas porque de manera concreta, eso han sido, “plataformas”, “soportes”, “impulsos”, los cuales han contribuido a posicionar a varias figuras del LGBT que ahora fungen como portavoces e importantes representantes del movimiento. Aunque al señalarlo de esta forma, luce como si el Internet con benévolas intenciones y cuyo propósito haya sido promover la igualdad, ha ayudado de manera directa en la integración de la comunidad en el ámbito comunicacional.

No es así, no obstante, ahí se encuentra la cuestión, el Internet no es un ente con consciencia propia, y mucho menos es una empresa o grupo mediático que realiza acciones, toma decisiones o genera contenidos en función del beneficio propio. De acuerdo con la RAE, el Internet es una “Red informática mundial, descentralizada, formada por la conexión directa entre computadoras mediante un protocolo especial de comunicación”.

Este aspecto es sustancial en el sentido de que los emisores tradicionales, o sea las compañías creadoras y/o reproductoras de los textos mediáticos habían limitado de manera tal vez deliberada (por razones comerciales en relación a las audiencias) o automática, la aparición y presencia del colectivo LGBT.

La diferencia clave entre los medios de comunicación convencionales y el Internet es, la elección prácticamente total del público sobre lo que va a consumir y cómo lo va a consumir, ya que en los medios tradicionales hay un horario preestablecido para la programación, un definido número de canales, y empresas hegemónicas con injerencia absoluta sobre los contenidos, en primera instancia. Pero la segunda y determinante razón se circunscribe al hecho de que en Internet, los mismos usuarios tienen la oportunidad de crear y publicar contenido propio.

En espacios como YouTube (entre otras redes sociodigitales), varios miembros de la comunidad LGBT han logrado colocarse de forma decisiva como líderes de opinión. Sus contenidos van desde el mero entretenimiento, hasta ahondar en temas concernientes al LGBT: sobre los derechos del colectivo, las experiencias de discriminación que han tenido y cómo han afrontado (junto a aquellos que los rodean) la realidad respecto a su orientación sexual o identidad de género.

En este sentido, ¿en dónde reside la importancia de resaltar el hecho de que en Internet los mismos usuarios son libres de realizar y difundir contenidos? En que en los otros medios de comunicación existe algo que Foucault denomina como sociedades de discursos “cuyo cometido es conservar o producir discursos, pero para hacerlos circular en un espacio cerrado, distribuyéndolos nada mas que según reglas estrictas y sin que los detentadores sean desposeídos de la función de distribución.”

Es decir, como un procedimiento que permite controlar el discurso, las sociedades de discursos restringen la entrada a un grupo de individuos con el fin de que se protejan y conservan ciertas prácticas que realiza esta asociación. Y aunque existe una confusa relación en estas sociedades en relación al secreto y a la divulgación, advierte Foucault “[…] que nadie se engañe; incluso en el orden del discurso verdadero, incluso en el orden del discurso publicado y libre de todo ritual, todavía se ejercen formas de apropiación del secreto y de la no intercambiabilidad”.

Por lo tanto, en correspondencia al tema en cuestión, esto da cuenta de cómo a pesar de que se aseguraba y garantizaba que no había discriminación hacia el colectivo LGBT por parte de los medios tradicionales, simplemente no se les incluía, hasta ahora (lo cual indica probablemente un mero interés económico al abrir el espectro de su público y buscar dirigirse a un segmento de la audiencia como el LGBT); no ostentaban un cargo legítimo para opinar, para actuar, o para crear, porque justo las sociedades de discursos son todavía circuitos muy cerrados, muy recelosas con las funciones y posiciones de quienes trabajan en esta estructura mediática.

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