Crítica a las instituciones, nueva costumbre de la iglesia católica mexicana

Por Eduardo Martínez Pérez

En días recientes, hemos podido atestiguar como la institución eclesiástica predominante en nuestro país se ha mostrado totalmente crítica ante las acciones de la cúpula política, mostrándose abiertamente como un reacio enemigo, con una fuerte capacidad de convencimiento ante la población, por lo que resulta pertinente señalarle como un agente clave en las cada vez más cercanas campañas electorales, pues puede comenzar a inclinarse ideológicamente con sectores específicos, tomando en cuenta sus ideales conservadores y antiprogresistas, parecería ser que las facciones panistas serían las más indicadas para cubrir sus intereses.

En la última semana, una vez más, el clero católico ha cuestionado las decisiones tomadas por el presidente Enrique Peña Nieto y su equipo de trabajo, esta vez, alegando que la reforma educativa ha buscado implementar un modelo de enseñanza que lejos de promover una educación de calidad, ha sido pensado como una forma de “hacer negocio” por parte de los impulsores de la misma, pues toca tópicos que están en boga y que buscan la inclusión e igualdad y esto no necesariamente representaría beneficios económicamente hablando, sino obtener una buena imagen política, buscando posicionarse para ocupar futuros puestos públicos, generando credibilidad ante la sociedad y dejando de lado estigmas y errores generados a priori, por ejemplo el gasolinazo.

En este punto, podría decirse que la iglesia ha encontrado un sostén ideal para desarrollar su ideología, pues ha señalado que los gobiernos que se autodenominan como incluyentes y liberales, utilizan las necesidades de tolerancia e integración de grupos sociales vulnerables con el fin de obtener su simpatía y ello, gestarlo en sus aspiraciones políticas, es decir en el voto duro, citando en específico a Miguel Ángel Mancera y Marcelo Ebrard, quienes fueron impulsores de la legislación que permitía el aborto y la unión civil de matrimonios entre personas del mismo sexo. Es claro que por más que existan leyes que busquen promoverse con el fin de defender la integridad y los derechos de todo ciudadano, la iglesia se opondrá estos si no respetan sus más profundos dogmas, incluso si su máxima autoridad, el papa Francisco ha intentado cambiarlos y ser más incluyente.

Por otra parte, resulta pertinente señalar que esta postura de juicios en contra de las instituciones gubernamentales ha sido reforzada por personajes de la talla del sacerdote humanista Alejandro Solalinde Guerra, quien recientemente ha sido considerado para obtener el Premio Nobel de la Paz y quien también ha luchado desde hace ya más de una década porque el gobierno federal se preocupe por la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran nuestros pueblos indígenas y los miles de migrantes centroamericanos que año tras año se aventuran a cruzar por territorio mexicano, algo que a fuerzas municipales, estatales y federales les ha importado de poco a nada, pues los derechos humanos de millones de personas siguen siendo vulnerados. En esta labor humanitaria, la iglesia católica, con todo y su negro pasado y turbulento presente, ha sido pilar fundamental, pues contribuye de manera directa en la causa de los más desprotegidos, llámense migrantes, indígenas, personas en situación de pobreza o drogadicción, etc.

Sin embargo, la colusión política de estos agentes religiosos es ineludible, pues como lo he mencionado en entradas anteriores y se comprobó hace unos días en una conferencia del mismísimo Solalinde, estas dos históricas autoridades sociales, Iglesia y Estado, pueden discrepar e incluso tensar en demasía sus relaciones, pero sin dejar de lado nunca la importancia que tienen la una para la otra. Así lo manifestó sin tapujos Solalinde, quien halagó a “su amiga”, la presunta candidata a la presidencia, Margarita Zavala, esposa del ex presidente Felipe Calderón, aunque eso sí, dejando en claro que no le gustaría que llegará a Los Pinos, pues considera que México necesita otro rumbo.

Según sus palabras, se considera “un clérigo incómodo para el gobierno y para la Iglesia católica por sus declaraciones y por su constante activismo en favor de los derechos humanos, de los desaparecidos y principalmente a causa de la defensa de los migrantes”. De hecho, en esta labor altruista ningún partido político le ha ayudado para solventar el mantenimiento de su fundación “Hermanos en el camino”, sin embargo, es sospechoso que haga comentarios tan positivos de agentes políticos como Zavala y Calderón, los cuales contribuyeron a que el estado del país hiciera crisis económica y socialmente. “El PAN aún es rescatable, pero ahora ha hecho un concubinato con el PRI”. Maneja un doble discurso que tiene el objetivo de hacerlo pasar como neutral en la coyuntura prelectoral, sin embargo, la tendencia católica del partido blanquiazul le pudieron generar sesgos ideológicos en años pasados.

Sin embargo, parece que con su acercamiento a agentes políticos, su conciencia política ha evolucionado de tal forma que incluso menciona que la vía pacífica de cambio se está agotando y las opciones son la izquierda o la guerra civil: “Andrés Manuel y Morena no son un fin, son un medio para cambiar México: el último intento pacífico de buscar el cambio para México. Si fallaran Andrés Manuel y Morena, si hiciera trampa este gobierno priista, apoyado por el PAN y por otros partidos, provocaría que estallara México de muchas maneras”.

¿Alguna duda de que incluso los bienhechores de la iglesia tienen intereses políticos, cambiantes y adaptables a sus mismos intereses? A fin de cuentas son ciudadanos y personas con necesidades y aspiraciones. Tan es así, que el mismísimo Vaticano ha decidido comenzar a enmendar sus errores, pues el sumo pontífice ha decidido hacer justicia para con aquellas víctimas de representantes de la iglesia, desde casos de pederastia hasta genocidios, también encargándose de realizar una concientización en la sociedad a través de discursos que resaltan la importancia de respetar los derechos de los demás, de aprender a convivir con todos y a respetarnos como seres humanos, enalteciendo libertades que hubieran resultado inverosímiles apenas el siglo pasado. Solo queda esperar que sus iguales mexicanos entiendan este mensaje de unidad y fraternidad, decidiéndose por respetar a todos sin excepción y castigando ejemplarmente a todos aquellos que rompan con las reglas del juego.

Referencias

Foto: Eduardo Miranda

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