Proceso se solidariza con la prensa estadounidense ante los embates de Trump

Por Raúl Parra

En el capítulo “Semiótica social y semiótica discursiva” de su libro Los medios bajo sospecha. Ideología y poder en los medios de comunicación, el profesor británico Robert Ferguson arguye que “los discursos mediáticos casi nunca son autorreflexivos. Esto significa que los medios se interrogan muy poco acerca de sí mismos, excepto si no es para de algún modo congratularse” (Ferguson, 2007:53).

Y eso es precisamente lo que hizo la revista Proceso en su No. 2107, publicado el 19 de marzo de 2017. En la portada hay un llamado al texto “Los periódicos que irritan a Trump”, acompañado de las imágenes de los diarios The New York Times (NYT) y The Washington Post (TWP).

El texto, que en interiores lleva el título de “La prensa que lo saca de quicio” fue elaborado por J. Jesús Esquivel ―corresponsal de Proceso en Washington desde que Donald Trump tomó posesión como presidente de EE.UU.― con base en entrevistas que le realizó a Michael D. Shear y Dana Priest, periodistas del New York Times y The Washington Post, respectivamente.

Y es así como tanto el periodista como la empresa que representa expresan su solidaridad gremial con sus colegas estadounidenses, ante los embates que les ha dirigido el actual mandatario, quien incluso llegó a decir ―vía Twitter― que la prensa era “enemiga de los estadounidenses”. Trump no ha parado de arremeter contra ellos, ya que desde junio de 2015, cuando anunció que iba a contender por la presidencia, comenzó a recibir imputaciones periodísticas por parte de ambos diarios.

Fueron estos dos periódicos centenarios los que le asestaron los dos golpes mediáticos más mortíferos al magnate en su carrera presidencial, pues fue The Washington Post el que reveló la grabación que lo exhibía como un hombre altamente misógino, mientras que The New York Times publicó el reportaje que denunciaba que el multimillonario había evadido impuestos durante casi dos décadas, lo que llevó al corresponsal de El País en Estados Unidos, Marc Bassets, a afirmar que “el periodismo volvió a ser la clave” en aquel país y asegurar que la elección se definiría por los medios tradicionales aunque, como han demostrado los hechos, se equivocó.

Por esta razón, Trump inició una campaña de desacreditación contra los medios, concentrada, según Esquivel, “en los que lo critican y exponen la falsedad de sus aseveraciones, los fracasos de sus empresas, los escándalos sexuales que lo rodean, su racismo, su prepotencia y su injustificada criminalización hacia los mexicanos e inmigrantes indocumentados”.

Pero las amenazas de Trump no se quedaron en el discurso; ahora que adquirió el poder pasaron a la acción. A The New York Times y The Washington Post, que, de acuerdo con Esquivel, encabezan el listado de sus “villanos favoritos”, ya se les ha negado el acceso a conferencias de prensa y cuando se les permite entrar no se les da la palabra. Han recibido un trato hostil por parte del vocero de Trump, Sean Spicer, denuncian los periodistas afectados en la Proceso.

Ante eso, lo único que puede hacer la autodenominada prensa crítica es apología de sí misma, “congratularse”, en términos de Ferguson. Su única defensa es la exaltación de su imagen a través de los espacios con los que cuentan para la difusión masiva de contenidos.
Y por eso se generan esos textos tan laudatorios, como el escrito por J. Jesús Esquivel, en el que la empresa ―Comunicación e Información, SA (CISA)― y el reportero se solidarizan con sus colegas estadounidenses al asumirse en conjunto como miembros del llamado Cuarto Poder, cuya función ideal sería fungir como contrapeso de los tres poderes restantes.

El corresponsal de Proceso es muy halagüeño con sus colegas estadounidenses, a Priest la define como una “reconocida y laureada reportera de investigación especializada en temas de seguridad nacional e inteligencia”, además agrega: “Su experiencia y prestigio entre la prensa estadounidense hacen de Priest una voz autorizada para analizar las críticas del presidente de Estados Unidos a los medios”.

Luego retoma mensajes que Priest recibe de sus lectores: “Gracias por lo que haces. Necesitamos una prensa valiente, una prensa que haga responsable al gobierno. Las palabras que le ofreció Michael Shear son aún más categóricas:

Michael Shear
Michael Shear. Foto: NYT.

“Hay un elemento claro en todo esto: entre más nos ataca [Trump] diciendo que somos un medio fracasado, lo cual no es cierto, hay una parte de la población que nos respalda y que en términos generales apoya a la prensa y al New York Times”. De nuevo, se congratulan.

Sin embargo, siguiendo con Ferguson, él aduce que “los discursos mediáticos restringen, formulan, sostienen y rara vez cuestionan su propia construcción” (Ferguson, 2007:53). Este es un punto clave que se le ha señalado a la prensa: peca de autorreferencial pero no es nada autocrítica.

A pesar de cargar en los hombros el prestigio de haber derrocado a un presidente por revelar un caso de espionaje y corrupción, y darle un ejemplo al mundo por llevar a su apogeo el periodismo de investigación con el respaldo total de su editora Katherine Graham, The Washington Post también tiene su historicidad y es menester reconocer que no es el mismo hoy que en 1974. Lo mismo sucede con The New York Times.

Al recoger el XXIX premio de periodismo Francisco Cerecedo de manos del príncipe Felipe, el periodista y político Michael Ignatieff mencionó en un tono muy cínico que el periodismo “hace que los poderosos rindan cuentas, pero o quiere rendir cuentas a nadie”. Y aunque su declaración suene un poco descabellada, no puede descartarse por completo.

A pesar de que, tanto en 1974 como hoy, ambos diarios se asuman como prensa crítica y opositora al gobierno estadounidense, no todos compartirían una visión tan halagüeña sobre el papel que desempeñan ―o han desempeñado― en EE.UU. y el mundo entero.

Uno de ellos es Carlos Fazio, periodista uruguayo y analista de política internacional, quien en su texto “La mentira del Pentágono como arma de guerra” apunta que

The New York Times y The Washington Post desempeñaron un papel clave en la fabricación de la noticia sobre el falso arsenal nuclear iraquí. De hecho, el bombardeo propagandístico de Estados Unidos sobre las armas de Sadamm comenzó con un artículo firmado por la reportera Judith Miller y su colega Michael Gordon en el Times, el 8 de septiembre de 2002, donde ya se manejaba la fantasía sobre los intentos de Irak por obtener tubos de aluminio que iban a ser usados para construir centrífugas de enriquecimiento de uranio con fines militares”.

Y es que es en las coyunturas políticas y sociales donde los medios exhiben quiénes son realmente, sin atavismos. Toda la documentación que presenta Fazio para sustentar su argumento demuestra que ambos diarios se alinearon a la administración de George W. Bush y siguieron sus designios para promover la guerra contra Irak tras el atentado del 11 de septiembre a las Torres Gemelas. Si a eso se le añade que The Washington Post hoy es propiedad de Jeff Bezos, un sujeto que ha sido denunciado por expoliación laboral, el panorama no es muy prometedor.

La conclusión es que no todo es tan simple como pretenden mostrarlo los medios de comunicación y como trató de hacerlo  Proceso en este caso. Detrás hay una compleja red de reacomodos y alianzas de acuerdo con las circunstancias, y aunque éstos desempeñen una labor muy importante para la vida pública, no están exentos de ser cuestionados, porque la suya es una profesión de responsabilidad social cuyo compromiso es con la veracidad. El periodismo no es inocuo, y vaya que los ejemplos citados anteriormente lo demuestran.


Referencias

Ignatieff, Michael, Sobre las sombras (pero también las luces) del periodismo, en El Huffington Post, 22 de diciembre de 2012.

Fazio Varela, Carlos. Guerra imperial y desinformación. La mentira del Pentágono como arma de guerra,  Imprenta Nacional y Gaceta Oficial, mayo 2009, 96 p.

Ferguson, Robert. Los medios bajo sospecha. Ideología y poder en los medios de comunicación, Barcelona, Gedisa, 2007, 332 p.

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Un comentario sobre “Proceso se solidariza con la prensa estadounidense ante los embates de Trump

  1. Hola Raúl. Me parece muy interesante, y sobre todo, muy bien realizado el enfoque que le das a esta entrada. Como mencionas, la prensa no es autocrítica y suele ser en muchas ocasiones incongruente al señalar y criticar, porque como es sabido, están muchos intereses empresariales y comerciales de por medio, por lo cual, aparece este sesgo informativo, y esta carencia de imparcialidad en sus juicios, lo cual lograste plasmar en tu texto al señalar los casos del Washintong Post y el New York Times como acérrimos detractores del gobierno de Trump, pero que en cambio, fueron de los principales partidarios de la administración de Bush.
    Sin embargo, por un momento me sumergí más en la parte de estos dos diarios, a pesar de que el motivo del análisis era un artículo de Proceso, lo cual retomas al final, pero no atraviesa tu texto en su totalidad, sino que se centra más en el tema. De cualquier forma pienso que realizaste un análisis muy acertado y bien sustentado.

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