Aniversario de la expropiación petrolera (2da parte): Peña Nieto vs. Cárdenas

Por Raúl Parra

Como se mencionó en la entrada anterior, el pasado 18 de marzo se conmemoró el 79 aniversario de la expropiación petrolera decretada por el presidente Lázaro Cárdenas. Las declaraciones alusivas al tema de los mandos políticos que se disputan el futuro del país no se hicieron esperar y así se desató una contienda pública y airada, aunque sin referir explícitamente el nombre de los acusados.

En un acto de franca promoción electoral para su partido rumbo al 2018, en el que estuvo acompañado por una comitiva de la alta jerarquía priista (Rafael Alejandro Moreno Cárdenas, José Antonio González Anaya, Carlos Romero Deschamps y Gerardo Ruiz Esparza), Enrique Peña Nieto encabezó en Ciudad del Carmen, Campeche la ceremonia de conmemoración del aniversario de la nacionalización de la industria petrolera.

En ella el mandatario nacional hizo uso de una figura retórica llamada alusión, que consiste en hacer referencia a un hecho, persona, lugar o evento de manera indirecta o por implicación, sin nombrarlo:

“A quienes aseguran que el sector energético y Pemex no debieron abrirse a las alianzas y a la inversión privada, quienes lo sostienen obran por irresponsabilidad o por desconocimiento”.

En una situación ideal del desarrollo de una prensa ética e independiente del poder político en el país, los diarios no sólo reproducirían acríticamente sus declaraciones, sino que las confrontarían con los hechos y las pondrían en contexto, para cumplir con la responsabilidad del periodismo.

Sin embargo, es muy lamentable el papel que ha desempeñado la prensa hegemónica ―encabezada por los dos diarios centenarios El Universal y Excélsior, en sus versiones digital e impresa― en este rubro, pues prácticamente ha fingido como vocera del gobierno federal, una especie de departamento de comunicación social u oficina de prensa al limitarse a propagar el discurso oficial.

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Excélsior le dedicó la primera plana de su edición dominical del 19 de marzo, bajo un gran encabezado, la nota de ocho como la llamaban antiguamente: “EPN defiende la apertura de Pemex”, y en el cuerpo del texto destacó algunas de sus palabras más altisonantes:

“El contexto petrolero a nivel mundial ha cambiado, ahora ninguna petrolera asume todos sus proyectos de exploración por sí sola, por los grandes riesgos que implica para su patrimonio”, apuntó el mandatario federal al referirse a los detractores de la Reforma Energética.

Como cualquier lector mínimamente informado podría suponer, a pesar de no referirlos directamente y hacer un circunloquio ―figura retórica consistente en usar una expresión descriptiva en lugar de un nombre―, las acusaciones del presidente iban dirigidas a dos hombres concretos: Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador, ambos miembros fundadores del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y principales líderes de la izquierda mexicana institucional durante las últimas tres décadas.

Ese mismo día, en una ceremonia paralela organizada bajo el amparo de Miguel Ángel Mancera en el monumento a la Revolución, con toda la autoridad moral que le otorga ser el hijo de quien decretó la expropiación petrolera, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano declaró que la política energérica del país era un “fracaso evidente‟ que estaba causando muchos problemas y ponía en riesgo la estabilidad económica del país.

El fundador del PRD acusó que el gobierno federal ha destruido conscientemente la industria petrolera nacional y le ha entregado los recursos energéticos a empresas privadas, además de apuntar que con la „contrarreforma‟ impuesta en 2013 ha instrumentado un gigantesco proceso de desmantelamiento de la institución que, a iniciativa de su padre, el país tardó 80 años en construir.

Desde luego, quienes hicieron eco de estas declaraciones no fueron los grandes diarios nacionales de derecha ―El Universal y Excélsior―, sino la revista Proceso, una publicación opositora al régimen.

En esta misma categoría de medios críticos hacia Pemex y el gobierno federal debería incluirse al periódico Reforma, que como ya se ha apuntado en entradas anteriores ha hecho una labor muy destacada en la cobertura de la ex paraestatal; el periódico am, de León, que en esta ocasión incluyó una columna muy crítica hacia José Antonio González Anaya y Carlos Romero Deschamps por su omisión y frialdad ante el siniestro ocurrido en la refinería de Salamanca que dejó cinco muertos; el portal Aristegui Noticias y el programa Aristegui en vivo, que esta semana transmitió una entrevista con Lorenzo Meyer, en la que aseveró que fue una decisión política el hecho de “ir cerrando las posibilidades de Pemex, irle quitando todo, chuparle la sangre, dejarlo ya en el cascarón y luego justificar con esto la entrega de la industria a la iniciativa privada”.

Además está el caso del diario Hoy de Ciudad Juárez, Chihuahua, que bajo el título de “Mexicanos no debemos olvidar la corrupción y el saqueo a Pemex”, publicó lo que parece ser una transcripción textual de un comunicado de prensa del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), en donde se incluye lo siguiente:

“Los gobiernos del PRIAN se dedicaron a saquear Pemex y los recursos naturales, sin inversión mínima que garantizara la seguridad de los empleados, mucho menos pensaron en modernizar o invertir en infraestructura y cuando sólo quedaron vestigios del proyecto entonces decidieron salvar la industria petrolera permitiendo empresas extranjeras y desmantelando Pemex”, Martín Chaparro, líder estatal de Morena.

Como puede verse, los discursos en torno a la reforma energética y la política petrolera actual están polarizados. Las dos fuerzas antagónicas que se enfrentan son la derecha y la izquierda, cuyas figuras más emblemáticas son Enrique Peña Nieto y Cuauhtémoc Cárdenas, respectivamente.

Enrique Peña Nieto enarbola los valores capitalistas y neoliberales (de la derecha política), cuyo símbolo más acabado es el bloque de reformas estructurales que fue aprobado tras la firma del Pacto por México. Los adeptos a esta corriente―militantes y políticos panistas y priistas, empresarios nacionales y extranjeros― pugnan por un adelgazamiento y una menor intervención del Estado, para que la economía se rija por el mercado. Un ejemplo de esto es la liberación del precio de las gasolinas. La prensa hegemónica afín y oficialista ―principalmente El Universal y Excélsior― funge como su vocera porque defiende los intereses de esta clase.

Los personajes de izquierda, encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador, prefieren una mayor regulación por parte del Estado y la consolidación de una industria petroquímica nacional fuerte, sin cabida para la inversión privada, tanto nacional o extranjera. Los medios que comparten esta convicción ―principalmente La Jornada y Proceso― difunden sus posturas y fungen como un contrapeso frente al bombardeo mediático de la prensa hegemónica.

Por último, es importante resaltar lo que hizo la revista Contralínea en este rubro en esta semana, pues le dedicó su portada a un reportaje sobre Pemex, en el que la reportera Nancy Flores describe la estructura paralela que posee la empresa productiva y desglosa cada una de las 59 entidades privadas con las que ahora cuenta.

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