El caso Tamara De Anda

Xareni Márquez Chora

La denuncia que la comunicóloga Tamara De Anda puso en contra del taxista que le grito “guapa” en las calles de la Ciudad de México, dio como resultado una polémica en la cual la atención se concentró en la discusión sobre a la naturalización del acoso y a la forma en la que hay que proceder ante él.

Los medios de comunicación y las redes sociales fueron el espacio en donde se difundió, analizó, comentó, criticó y apoyó la acción tomada por De Anda, pero el acontecimiento  se destacó por la respuesta  de los usuarios de Twitter y Fecebook, por lo cual, la cobertura de dicha “noticia” se expandió.

El 15 de marzo, la comunicadora reportó el caso en su cuenta de Facebook y de ahí, una serie de medios como El Universal, más por más, el Informado (de Guadalajara), El país, SDP noticias, Animal Político y Milenio, abordaron el tema, algunas de las entradas publicadas por estos medios registraron cientos de comentarios, entre ellas la escrita por la propia Tamara, en más por más, titulada: Acosó, huyó, ¿y lo pesacaron!

En dicha crónica, como en la publicada en  El Universal, se relata cómo ocurrió el hecho, así como el proceso de denuncia y el resultado de ésta a nivel personal y público. En ambos casos, la comunicadora empleó el espacio fijo que tiene en estos diarios para exponer  lo ocurrido a través de su estilo y lenguaje propio, por lo cual podría considerarse un discurso epidíctico, pues se dirige a un grupo de receptores amplio al que se le comunica el valor personal atribuido, además, estos discursos (crónicas) tienen fines públicos y cívicos, pues según la propia De Anda, con ellos apela a que las mujeres actúen.

No obstante, las características del propio referente: el acoso sexual y la denuncia, posibilitan el empleo de algunos recursos del género jurídico por referirse a una situación pasada caracterizada por la violación de la ley, misma que se juzga con el fin de establecer sanciones. Si bien, la columnista no fue quien se encargó de castigar legalmente al taxista, sí fue ella quien decidió que se procediera con la detención del hombre tomando en cuenta  que el “piropo” es considerado una falta administrativa en la CDMX, por lo cual, la agredida explicó los medios por los cuales su agresor pago la falta.

Lo que la conductora de Radio Fórmula expuso en estás crónicas y en sus cuentas de redes sociales, fue lo que algunos usuarios de las mismas encontraron exagerado, por lo cual recibió amenazas y recriminaciones, este aspecto fue el que motivó otras notas que surgieron como respuesta a los “trolls”, quienes –en algunos casos- construyeron sus propios argumentos, basado en los antecedentes de ésta, para cuestionar y criticar la forma en la cual respondió al acoso.

En SDP noticias y en El país, se hallaron ejes temáticos que en los demás medios no estuvieron presentes, estos son: el riesgo que supone para Tamara De Anda la difusión de la agresión y las consecuencias que se visibilizan, es decir, que a partir de la mediatización de las amenazas e injurias recibidas por una figura pública, las mujeres se abstienen de denunciar la violencia de la que han sido blanco.

Estas dos posturas son detentadas por la Organización No Gubernamental Artículo 19 y por Catalina Ruiz, cocreadora de la plataforma sobre feminismo (E)stereotipas, respectivamente. Esta especie de contra argumento a lo que Tamara De Anda ha venido defendiendo e inspirado en múltiples plataformas, no está directamente relacionado con los comentarios vertidos en los que se le culpabiliza y recrimina por clasista, exagerada, falsa, etcétera.

El caso de Tamara De Anda, es el más reciente en donde se evidencia la existencia de un grupo de personas que cuestionan las reglas que se han implementado para salvaguardar la integridad de las mujeres. Pere este “grupo” sólo se muestra camuflado  por el halo de anonimato o barullo que lo despersonaliza y lo convierte en una unidad amorfa irreconocible.

A esta unidad es a la que se pretende llegar con las campañas de concientización promovidas por las instituciones y los medios de comunicación, quienes conforman la posición defensora al pronunciarse en contra de la violencia contra la mujer y el feminicidio, pero si estos agentes que dominan un campo de acción amplio no reconocen al “otro” o lo hacen sin poder delimitarlo e identificarlo, entonces ¿cómo se planea mediar el conflicto para llegar a una solución? O dicho de otra forma ¿cómo se compensará discursivamente a quienes se manifiestan a favor del silenciamiento de las denuncias?

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