Proceso contra la impunidad

Por Raúl Parra

A la memoria de Mirsolava Breach Valducea

El pasado 23 de marzo, mientras esperaba afuera de su casa la salida de su hijo para llevarlo a la escuela, la periodista Miroslava Breach Valducea fue asesinada arteramente con ocho impactos de bala. Desgraciadamente, no fue la única comunicadora ultimada en este mes, cuatro días antes le ocurrió lo mismo al periodista veracruzano Ricardo Monlui Cabrera y, el 2 de marzo, a Cecilio Pineda Brito, reportero de la fuente policiaca en Guerrero.

La prensa hegemónica nacional ―El Universal, El Sol de México, Excélsior y Reforma― desdeñó olímpicamente el funesto suceso y lo excluyó de su primera plana. Los únicos diarios de circulación nacional que le dedicaron su ‘nota de ocho’ fueron Milenio ―”Reportera de La Jornada, víctima de un “profesional” ― y La Jornada, diario para el que trabajó durante los últimos 20 años de su vida ―15 como corresponsal en Chihuaha.

Al día siguiente La Jornada publicó, con toda la justificación, una editorial vehemente en la que exigía que se hiciera justicia, que el crimen perpetrado contra su corresponsal no quedara impune. Denunció la escalada de violencia que ha vivido Chihuahua en los últimos años y las constantes agresiones que sufren los periodistas en todo el país, y no escatimó en señalar al nuevo gobernador Javier Corral por su omisión y frivolidad ante el asedio de los criminales contra la prensa.

A diferencia de la prensa hegemónica,  Proceso decidió  destacar el funesto suceso y dedicarle su portada de esta semana . Con una fotografía frontal, en la que Miroslava aparece sonriendo con una camisa rayada y el cabello teñido de rojo, rodeada de un marco negro, Proceso tituló su número 2108,  publicado el 26 de marzo: “Chihuahua. La narcopolítica impone su ley. El asesinato de Miroslava Breach pone a prueba al gobierno de Javier Corral”.

PortadaProceso

Mediante la composición y el uso de los colores, los integrantes del semanario dejan claro que están de luto por el asesinato de su colega, pues hay que recordar que el negro es el color que convencionalmente representa el duelo.

En interiores, es con lo que abren, y colocan los textos dentro de su sección “Narcotráfico”, algo muy revelador por sí mismo. Le dedican seis páginas, lo que equivale al 7% de la publicación. En total son tres textos alusivos al hecho: “El de Miroslava, asesinato narcopolítico” y “Abiertas, todas las líneas de investigación”, de Álvaro Delgado, y “‘No hay que detenernos’, les decía a sus colegas periodistas”, un perfil escrito por Marcela Turati.

Los de Álvaro Delgado son textos descriptivos e informativos, no emite ninguna valoración ni incluye su propia valoración del hecho. Ambos están redactados a partir de declaraciones: el primero a partir de las del gobernador del estado, Javier Corral, y el segundo con base en las de Renato Sales Heredia, comisionado nacional de la Secretaría de Gobernación (Segob).

Estos dos textos no son tan incisivos como los de La Jornada y, a diferencia del diario nacional, Delgado no responsabiliza a Corral por lo sucedido, sino que lo muestra como un “reto” para su administración y pone mucho énfasis en el hecho de que ambos ―Corral y Miroslava Breach― eran colegas y amigos desde hace más de tres décadas. Podría decirse que incluso llega a ser indulgente con el gobernador de Chihuahua.

Por último, es necesario destacar el perfil escrito por Marcela Turati, el cual está hecho bajo el enfoque de derechos humanos que la ha caracterizado desde periodistas de a pie. En él hace un retrato a cuerpo entero de Miroslava Breach y resalta su lado más humano. La califica como una mujer “inquisitiva, crítica, sensible y comprometida”, y demuestra un manejo excepcional de los tres enfoques persuasivos de la Retórica: Ethos, Logos y Pathos.

En su texto destaca sobre todo el uso del Pathos, entendido como “el intento de conmover a la audiencia”[1] y la peroración, pues deja hasta el final la exposición de la faceta como madre de Miroslava Breach, en la que narra cómo cierto día, mientras escribía apasionadamente una crónica en el Congreso del Estado, también arrullaba a su pequeña hija sobre sus piernas.

Bibliografía 

[1] Sam Leith, ¿Me hablas a mí? La retórica de Aristóteles a Obama, México: Taurus, 2012, p.64.

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