La corrupción en tiempo de elecciones

Munguía Hernández Aldo Jair

Los diarios mexicanos como El Universal, Sin embargo, Reforma, La Jornada y la revista Proceso han informado con datos similares la captura del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, detenido en Guatemala el pasado 15 de abril.

Acusado de desvío de recursos,  de creación de empresas fantasmas y prófugo de la justicia mexicana por más de seis meses, Duarte era buscado por las prácticas de corrupción antes mencionadas. La Procuraduría General de la República (PGR) se presentó en Guatemala para realizar la detención,  ayudada por la Interpol que había fichado a Duarte desde octubre pasado.

Se ha dicho mucho sobre la detención del ex gobernador de Veracruz: el líder nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza ha insistido en denunciar la “hermandad criminal” entre Duarte y Andrés Manuel López Obrador; articulistas como John Ackerman y Jenaro Villamil han mencionado la red de corrupción del partido que gobierna al país ; y otros muchos han sido contundentes en decir, como López Obrador,  que la detención de Duarte es una treta política para beneficiar al PRI de cara a las elecciones del Estado de México y, dentro de poco más de un año, en la contienda electoral nacional.

Lo que surge del tratamiento de la información por los medios es que, sea cualquiera de las opciones antes descritas, la corrupción sirve en tiempos políticos.

Duarte había sido respaldado por Enrique Peña Nieto y hizo gala de la renovación generacional del PRI. Ahora, todo indica que los “amigos” han desaparecido. Y que los enemigos son cada vez más.

Paralelo a la detención de Javier Duarte,  el Sistema Nacional Anticorrupción,  la apuesta del gobierno mexicano se resquebraja poco a poco. A la Junta de Coordinación Política del Senado le quedan 13 días de sesiones y es casi un hecho que no se nombre al fiscal anticorrupción. Las instituciones han permitido que gobernadores como Duarte realicen actos de corrupción y queden impunes. Lo que se puede vislumbrar a través de la información de los medios de comunicación es que la debilidad institucional es una constante , la cual favorece los actos de dicha índole,  para los cuales no hay, aún, un mecanismo punitivo.

Pero no se trata solamente de una cuestión legislativa:  se puede crear la Fiscalía Especializada en materia de delitos relacionados con actos de corrupción,  como lo aprobó la PGR esta semana, se pueden poner esfuerzos y demagogia en la creación de un Sistema en contra de la corrupción,  sin embargo,  el problema va más allá, y es un tema poco debatido en los medios ¿por qué la corrupción es un problema que tiene a la deriva constante al país?

Cada que las elecciones se hacen presentes una cascada de acusaciones y detenciones se hacen presentes: la política mexicana es de oportunismos, de bruscos virajes en aras de la manutención del poder a toda costa, ¿en dónde queda las aspiraciones de las instituciones?  Al parecer, estas son igualmente utilizadas a placer cuando se necesitan.

 

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Un comentario sobre “La corrupción en tiempo de elecciones

  1. Hola, Jair:

    Excelente el planteamiento sobre la detención de Javier Duarte y la relación con el Sistema Nacional Anticorrupción en los tiempos electorales de este año sumado al panorama que empieza a visualizarse para el 2018.

    Personalmente, comparto tu idea de que en tiempos electorales el sistema político mexicano es oportunista; asimismo, considero que está lleno de carencias que impiden un modelo electoral alejado de difamaciones con el objetivo de crear un ambiente de tensión entre las diferentes fuerzas partidarias y de duda entre los electores, creo que las acusaciones hacia Andrés Manuel López Obrador es ejemplo de esto.

    La corrupción, las actividades corruptas propiamente, son y siguen siendo el verdadero problema dentro de la esfera política en México; la ambición por mantener el poder, como mencionas, está envuelta en acusaciones y detenciones. A pesar de ello, todavía tenemos a un presidente que afirma “No hay chile que les embone…”, cuando no se trata de esperar agradecimientos o complacencias, es su trabajo, y nadie espera aplaudirlo.

    El escenario del levantamiento de acusaciones es costumbre, ni cómo olvidar al señor René Bejarano y sus billetes de baja denominación. Al final de cuentas, el objetivo de este tratamiento o estrategia —si se le pudiera llamar así— tiende a vincular los rostros de la corrupción con las figuras representativas del poder, y para eso todavía nos queda esperar un 2018.

    – Eduardo Chamorro

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