El ojo mediático

Por Ana Añorve Vidal

¿De qué sirvió observar si la catástrofe ocurrió de todos modos? ¿En qué ayudó ver o hasta revelar la situación si de cualquier manera, lo esperado pasó, si el culpable se escabulló, se escondió de la mirada pública, del ojo avizor del periodismo? Según Gerard Wajcman, autor del libro El ojo absoluto (eje de las tesis del presente análisis), en esta época en donde la visión, lo observable, la transparencia, se ha convertido en una pasión, una exacerbada voluntad, en un derecho universal para la sociedad entera que mira y es mirada, la verdad sólo existe en función de cuán visible es ante los individuos, porque la luz es la que esclarece, pero en ocasiones, demasiada luz enceguece.

Sí, me refiero al caso del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa. Casi desde el principio de su novicio gobierno, Duarte se vio envuelto en una serie de controversias que incluían a la inseguridad y violencia existente en el estado provocada por el crimen organizado. De esta forma, uno de los temas más cuestionados fue el asesinato y secuestro de varios periodistas, lo que daba cuenta de una señal de amenaza a la libertad de expresión, en especial porque varios de los mismos habían averiguado sobre los vínculos entre la administración veracruzana y el narcotráfico.

No obstante, el punto cumbre de las denuncias en contra de su mandato se dio en mayo de 2014, gracias a la investigación del portal de noticias en línea Animal Político, acerca de la red de empresas fantasmas que había conformado Duarte. A partir de ahí, las acusaciones de los medios y la ciudadanía no pararon, cada vez eran más y más grandes en magnitud; se sometió todo lo que hacía o no al escrutinio público. Su visibilidad aumentó debido a los problemas a los que se estaba enfrentando; ese era el costo en primera instancia al ser funcionario público, y en segundo lugar al estar involucrado en una multitud de actos de corrupción.

De acuerdo con Wajcman, una de las funciones de la videovigilancia “trata de impedir que el culpable virtual devenga en culpable actual”, es decir, tiene que ver con una acción preventiva sobre alguien presuntamente responsable de cierto delito, pero que aún no está declarado de manera explícita y ante la ley. En este caso, la vigilancia procedería de los medios de comunicación, fungiendo como el ojo social por excelencia, observando de cerca y hasta denunciando los actos ilícitos cometidos por Javier Duarte.

Despierta lo invitó a su programa en octubre para hablar sobre las acusaciones de corrupción que se le habían imputado a él y su gobierno. Se buscó mostrarlo en la pantalla, presentarlo ante la mirada de los espectadores, ante el reflector público, haciéndole ver de esta forma que no sólo la prensa lo estaba viendo, sino que todo México lo estaba vigilando, como una manera de prevenir una posible fuga.

Sin embargo, este hecho sólo duró unos instantes, porque como dicen coloquialmente en el país, a Duarte le dio por “pelarse”, situación que era de esperarse. Fue en el noticiario en donde declaró por primera vez que pediría licencia al gobierno de Veracruz (48 días antes de terminar su mandato) para “solucionar” los asuntos que lo comprometían a él como sujeto. La entrevista ocurrió el 12 de octubre del 2016, y no fue sino hasta el 14 de octubre (dos días después) que se giró la primera orden de aprehensión en su contra, pero él ya había huido.

Es aquí donde surge la reflexión sobre la posmodernidad y su afición por la mirada, por visibilizar y hacer transparente todo. Esa es una función incluso del periodismo, esclarecer las aguas turbias de lo político, vislumbrar lo oculto, poner el reflector en todo, y esa, precisamente fue la tarea que se encomendó el noticiario de Despierta, al -ahora- revelar de forma detallada cada aspecto de la fuga: cuál fue la ruta que tomó desde que pidió la licencia, las investigaciones de la PGR y la detención del ex gobernador en Guatemala.

Despierta fue sumamente minucioso con el relato de Duarte (50 minutos de los 110 que dura el programa se los dedicó a este hecho). Se hizo un reportaje en función de los testimonios de agentes de inteligencia y autoridades de alto rango del gobierno mexicano, y a su vez hubo una mesa de análisis con especialistas en torno al caso. La cobertura que realizó el noticiario y la gran mayoría de los medios del país se enfocó en develar, exponer y demostrar todos los pormenores sobre el hecho y de Duarte mismo.

Pero ¿qué significa en realidad presentar esta información? ¿A qué lleva publicar algo como la noticia anterior? Funge como un acto de denuncia, sí, sin embargo esto es una ilusión. El develar el entramado de la corrupción ha sido una acción recurrente en el periodismo que se realiza en este país, pero pocas veces ha hecho que la sociedad tome una posición activa en este proceso. Sería oportuno recordar el objetivo planteado por el noticiario de Despierta mismo:

“[…] en Despierta empezamos por decir el qué, cuándo y dónde, para llegar al cómo y, sobre todo, al por qué. Y a partir de ahí… despertar.

Se le brinda la información a la audiencia con el fin de que lo sepa porque es de su incumbencia en general, pero ¿no sería también con la esperanza de que los receptores reciban la información de manera crítica, que se involucren, participen y se manifiesten si es necesario? No obstante, hasta ahí queda, en el mero conocimiento público, pero no se hace nada con ella. Quienes atestiguan estos hechos son tan sólo espectadores; es la consecuencia del ojo absoluto: cada vez mayor inacción.

La ilusión consiste en creer que el trabajo está hecho cuando es descubierto aquello que se quería oculto. Ya se está mirando, se le está poniendo atención, está siendo visto, vigilado, ¿y eso de qué sirvió en el caso Duarte? Su criminalidad era más que evidente; la prensa, los veracruzanos y la Auditoría Superior de la Federación hicieron miles de advertencias y llamados al gobierno mexicano con el fin de denunciarlo, pero no fue sino hasta que las evidencias eran más que claras e irrebatibles que se actuó.

El tardío señalamiento de este caso, tiene un poco de varias aristas; no es culpa de los medios que la ciudadanía sea apática, tampoco es que la prensa sea juez legal y deba ser ésta quien encierre a corruptos funcionarios, se debe también a la complicidad de las esferas del poder. Aunque todo se vincula con que en esta época hipermoderna, se confía demasiado y se le delega todo a la vista; con eso basta para los individuos, porque esa es su forma de aprehender la realidad, pero no de apresar al criminal.

Sería válido entonces, el cuestionamiento sobre ¿cuál es la función del periodismo en esta época donde reina ojo absoluto? Tanto de Despierta, como de otros medios. ¿Cumplen sólo el papel de transparentar, develar y exhibir, o también de exhortar a su público, analizar la cobertura y comprometerse con la información?

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Un comentario sobre “El ojo mediático

  1. Comentario por: Jacqueline Ponce León.

    Hola, Ana. Anteriormente, ya había leído algunas de tus entradas y me era bastante agradable leerlas porque hacías un análisis profundo y fluido, se notaba tu mirada aguzada. Sin embargo, este texto me parece un poco forzado. Tengo la impresión que fue así por un factor importante: el tiempo.

    Sinceramente, no encuentro mucho análisis o relación directamente con tu medio. Si bien mencionas de manera muy general el asunto de Duarte, pero no te enfocas mucho en Despierta. Al final de tu entrada mencionas la situación del ex gobernador en el programa de Carlos Loret de Mola, pero sus acciones tu pudieron haber dado para más en la entrada. Pudiste haber incluido algunas frases que mencionó Duarte para reforzar tus argumentos.

    En cuanto a la extensión, tengo la impresión que tu texto no son las dos cuartillas. Tienes buena estructura gramatical, pero me parece que tus párrafos son bastante largos y el último, de plano, solamente son un par de líneas. Al leerte tuve la impresión que enlistas demasiado en tus párrafos, le das mucha vuelta para llegar a un punto en concreto.

    Te recomiendo que hagas oraciones más cortas, sin tantos adornos. Eso te ayudará bastante a que tus lectores te puedan leer fluidamente y no se vean en la necesidad de pausar el texto para echar un vistazo hacia unas palabras atrás y retomar la idea que originalmente querías que expresar. Tuviste un gran acierto con la elección de la imagen de tu entrada. Duarte tiene una expresión muy particular y está apuntando hacia su ojo, lo que indica un posible juego con el titular de tu texto: El ojo absoluto.

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