Hacia una “Pornocultura”

Munguía Hernández Aldo Jair

Una de las preguntas constantes sobre la pornografía y, evidentemente, sobre la sexualidad es la forma en que han sido representadas por los medios de comunicación y consumidas por los lectores, espectadores o lectores de redes socio digitales, blogs, amantes empedernidos de la moda o convulsos, faramallosos esbirros de la publicidad.

Se han presentado algunas formas de pornografía, sus características relacionados con las propuestas de VICE. Y es que el medio importa en cuanto a facilitador en la difusión de ideas, pero sobre todo, en la forma en que elige para representar la sexualidad.

Un par de planteamientos sobre la sexualidad son realizados por el filósofo Michel Foucault, los cuales permiten plantear la actualidad de la pornografía: en El orden del discurso, el filósofo francés menciona que el sexo es un tema tabú, el cual implica una conducta ritual no sólo para su realización sino también para hablar de él.

Es el propio Foucault quien, en su arqueología intitulada Historia de la sexualidad dice que  “lo que marca a nuestros tres últimos siglos es la variedad, la amplia dispersión de los aparatos inventados para hablar, para hacer hablar del sexo, para obtener que él hable por sí mismo, para escuchar, registrar transcribir y redistribuir lo que  se dice… incitación a los discursos, regulada y polimorfa” (1989, p.45).

La segunda premisa parece no solo alejar el primer planteamiento del cual hacía gala Foucault, sino que muestra la ruptura de la tradición del silencio, de lo prohibido y comienza a perfilar una nueva cultura de lo visible, de lo audible, discutido, mostrado, hablado, escrito.

La Internet ha permitido la existencia de medios que, como VICE, recurren al sexo como un tema primordial. Se habla mediante la red de redes sobre sexo, se escucha, se obtiene, se busca sexo con esos medios. Y el sexo, como dice fuco, ha hablado: su lenguaje tiene un tono de ruptura llamado pornografía.

Ahora el tabú no es más un impedimento, al menos en la cultura occidental, para hablar sobre pornografía e internet ha facilitado ese intercambio, sin olvidar el papel de la moda, la publicidad, la escritura, el cine y demás mediaciones, incluyendo la ley.

Uno de los artículos de más reciente aparición en VICE se llama “Algunas mujeres nos cuentan en qué piensan cuando se masturban”. Cinco mujeres narran sus experiencias al masturbarse. Si bien es cierto que la difusión de dichas prácticas rompe con los comportamientos dogmáticos sobre el placer de la mujer y la masturbación misma, también es de notar que la sexualidad se está reconfigurando: pasó de ser un hecho privado, secreto, íntimo a una exposición cabal.

El movimiento de muestra, acción de ser visto, no es ya una acción de voyeur tradicional sino concerniente a alguien que muestra, deseoso de ser visto, de hablar, escribir, mostrar a través de imágenes, de alusiones de todo tipo. ¿A qué se debe ese movimiento de desenvoltura, de revelación de lo sexual?

No se trata de privilegiar lo íntimo sobre lo público, pero después de mucho la sexualidad, en su cariz pornográfico, se está develando con notable rapidez. Se podrá decir que el movimiento corresponde a una negación del pasado, producto de la opresión fulgurante. Sin embargo, es menester profundizar las vertientes, las formas de ese movimiento de observancia que han sido descritas por Gérard Wajcman en El ojo absoluto, pero que George Orwell había manifestado en la distópica novela 1984.

Ser visto. Mostrarse. Ahora el voyerista no sólo es, valga la redundancia, quien ve; él mismo es observado, espiado, grabado y trasmitido vía internet para cumplir las fantasías de algún otro que desea ver, pero al mismo tiempo, quizá sin saberlo, es visto.

Puede parecer paranoico, como también el libro de Orwell. Sin embargo no puede negarse la presencia de ubicuidad de las cámaras de vídeo. La necesidad de contemplar no escapa a la sexualidad, motivo antes oculto, pero que ha salido rápidamente de la oscuridad para mostrarse pornográficamente: a veces en su vestidura de video en páginas de internet; y otras en anuncios publicitarios de perfumes, desodorantes, autos.

VICE no presenta una reflexión directa sobre lo sexual, sobre lo pornográfico, pero representa dichos temas a través de alusiones de entrevistados. Quienes hablan allí también muestran la manera en que dicho medio se interesa por la difusión de los tópicos, en por qué ese tratamiento de la información, la razón de la recurrencia. Empero, VICE es sólo una de las plataformas que se encaminan a una nueva forma de representación del sexo-porno en la cotidianidad.

Claudia Attimonelli, doctora en Teoría del lenguaje y ciencia de los signos publicó, junto con el sociólogo Vincenzo Susca, sociólogo e investigador de la Universidad de la Sorbona, el ensayo titulado Pornocultura. Viaggio in fondo alla carne, el mismo que ha sido traducido a la lengua francesa como “Pornoculture. Voyage au bout de la chair” (2017).

El libro plantea como preguntas el origen de lo que cataloga como una escena convulsa y versa sobre los efectos de la naciente pornocultura. Los planteamientos de los autores tienen como objetivo discernir la significación de la cultura del porno en su vertiente contemporánea como un “eje simbólico, un paradigma estético, una sensibilidad difusa de nuestro tiempo y del contexto occidental”.

¿Es VICE un síntoma de esa cultura del porno que, como dice Susca y Attimonelli se encuentra en cada rincón de nuestra vida, de una inmersión de los individuos en una atmósfera porno que se encuentra igual en las páginas de dicha índole que en diversas prácticas de erotización de la comida, de los anuncios, de los programas de televisión, del cine y los medios de comunicación?

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Un comentario sobre “Hacia una “Pornocultura”

  1. Hola, Aldo.
    Es conveniente leer un escrito con un sustento teórico y literario (<3) de diversos autores, que van desde los años ochentas hasta nuestra actualidad, el 2017. Aportan múltiple contenido pensado desde una perspectiva tendente hacia la sexualidad, lo pornográfico, la observación, entre otras. En definitiva, refuerzan tu análisis con respecto a VICE y lo sicalíptico.
    Es interesante captar la renovación de ideas que hace _Fuco_ sobre sus mismos textos, de acuerdo a la transformación del entorno en el que se desarrollaba su vida. Y desde luego, la asociación de _El ojo absoluto_ con _1984_ es obligado, buena referencia.
    Lo único que objetaría es lo embrollado que resulta la lectura en algunos párrafos, más por la sintaxis que por el rebuscamiento que empleas en algunos enunciados. Tal vez, no sé, para socializar el conocimiento, sea de utilidad la simplicidad y sencillez de un texto, claro, sólo en la escritura, más no en el contenido. No por eso digo que esté mal, al contrario.

    Saludos.
    Adriana Arellano.

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