Mecanismo de agresión bidireccional

Por Karina López Gaona

El homenaje con motivo al quinto aniversario luctuoso de la periodista veracruzana Regina Martínez Pérez se llevó a cabo el pasado 28 de abril en Xalapa, Veracruz. Periodistas y activistas se reunieron en la plaza Lerdo y “colocaron sobre las escalinatas de la plazoleta varios bloques de hielo con las fotografías de los reporteros victimados para representar que la memoria puede desvanecerse en caso de no mantenerla con firmeza”, según el Sol de México.

Un día después, The New York Times colocó en primera plana de la versión impresa del periódico el texto: “ ‘Es muy fácil matar periodistas’: La crisis de la libertad de expresión en México” en donde se señala que Veracruz es el estado más peligroso para estos profesionales, en especial la región de Tierra Blanca. Pese a los esfuerzos que hace el gobierno federal y local, así como instituciones civiles este medio afirma que “Hay pocas esperanzas de que la situación cambie este 2017”.

También se declara que entre los motivos que propician este tipo de actos perpetrados hacia periodistas están las coberturas contra grupos criminales, silenciamiento por parte de funcionarios públicos, violencia arbitraria, desprotección de cuerpos policiales e inmersión de ciertos reporteros en el mundo delictivo. Se remarca que la impunidad de estos crímenes se relaciona con la falta de compromiso gubernamental, derivada de conflictos de interés con los profesionales.

Muchas veces el gobierno se respalda con la creación de leyes y órganos protectores, que, en el plano de la realidad, su existencia es simbólica. Asimismo, la violencia contra periodistas no sólo se expresa en asesinatos, sino en amenazas, intimidaciones, golpizas, entre otras prácticas.

Uno de los puntos que toca el escrito de NYT es que la impunidad además de imposibilitar la justicia de los delitos,  también coarta y obstaculiza el ejercicio de la democracia, pues el periodismo es visto como el pilar central de ésta. Asimismo, la impunidad se refuerza con la justificación de las autoridades que señala que la causa del delito no tiene que ver con el periodismo o con la libertad de expresión.

La conclusión a la que llega el texto, ya se ha mencionado en otras entradas, es que más que la inversión en órganos protectores y leyes defensoras de periodistas, lo que es imprescindible contrarrestar es la impunidad. En respuesta, los medios, por seguridad, recurren a la autocensura. De acuerdo Daniel Moreno, director general de Animal Político, el periodismo nacional se encuentra en un estado de emergencia.

La coyuntura de la publicación de este texto empata con la presentación del informe anual sobre la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) el día 29 de abril, donde se condenó el aumento de periodistas asesinados, no sólo en México, sino en países como Estados Unidos, Brasil, Honduras, Guatemala, Venezuela, El Salvador y Perú. La CIDH asegura que los actos de violencia cometidos hacia los profesionales son una consecuencia de denuncias realizadas o información difundida por los mismos.

En contraparte, la CIDH aplaude el trabajo de los Estados para asegurar la libertad de expresión y el acceso a la información pública, que implica el pronunciamiento judicial que incorpora la protección reforzada de la libertad de expresión.

Se puede identificar que los periodistas asesinados y victimas de otros actos de violencia, fueron y son creadores de un discurso periodístico ubicado en un extremo ideológico que apela a la rendición de cuentas, la demanda de justicia, la evidenciación de la corrupción, el señalamiento de criminales, etcétera; es decir, un tratamiento discursivo en aras de llegar a conformar un Estado más democrático, o bien un posicionamiento en donde las acciones de quienes son recriminados  parecen una locura.

En contraparte, los implicados con estas investigaciones periodísticas se posicionan en otro extremo ideológico, en donde muchas veces introyectan sus actos como algo normal o a veces existe la conciencia que éstos son actos delictivos; al final de cuentas, se ubican en un escenario opuesto a lo políticamente correcto en un Estado supuestamente democrático.

Quizá el punto de partida de la contienda está en la ubicación de ambos grupos en opuestos ideológicos, a partir de ahí, las prácticas realizadas por criminales y funcionarios públicos, principalmente, hacia periodistas se tratan de un mecanismo de defensa expresado con la violencia ; estas maneras de actuar transgreden con el supuesto Estado de Derecho en México, guiado aparentemente por la democracia.

Desde estos dos polos ideológicos, las posiciones de poder justifican, por una parte, la rendición de cuentas y, por otra, el silenciamiento, quizá porque, en este último caso, se percibe como un acto de agresión. Asimismo, los dos grupos tienen cierto código de identificación que los impulsa a mantenerse en la posición desde la que actúan, de manera que los perpetradores de los crímenes hacia periodistas podrían guiarse por un sentimiento de colectividad y de propia naturaleza – en el caso de los grupos criminales– y por mera posición privilegiada en el sistema social mexicano –en los funcionarios públicos –.

De este modo, los periodistas, desde su posición enunciativa crean discursos en los que vienen inmersos ciertos referentes ideológicos, que son inventados/creados de acuerdo a su cultura y que a su vez expresan la demanda de un régimen democrático, en donde la justicia se visualiza como la rendición de cuentas y el funcionamiento de órganos gubernamentales y la erradicación de la corrupción como un primer paso para exterminar paulatinamente la impunidad.

Desde el punto de vista de miembros de grupos delictivos y funcionarios públicos, implicados en estos discursos, la cuestión cambia, pues sus referentes ideológicos versan en la potencialización de un derecho de acción, en donde no hay un margen que limite sus actos. Lo anterior como consecuencia de una tradición cultural que deriva de la desigualdad de grupos vulnerables que buscan otras formas de supervivencia y de un apasionamiento por la corrupción, o bien, la obtención de cosas de manera fácil y hasta la falta de sentido común.

La solución brindada por numerosos directivos de medios de comunicación en muchas ocasiones tiene que ver con la erradicación de la impunidad para posibilitar el ejercicio seguro de la libertad de expresión, pero tal vez una vertiente de análisis que sale a colación de estos hechos es la redefinición de dicho concepto, puesto que si la mayor parte de la clase política mexicana se guía por ésta, sería ilógico pensar que se podrían reeducar autónomamente, pues sería contraproducente e iría en contra de sus principios ideológicos.

A partir de un intento de visualizar este caso desde un punto intermedio, se llega a la propuesta de que los periodistas y sus atacantes se encuentran dentro de un mecanismo de agresión bidireccional, desde sus propias perspectivas ideológicas. Así como el discurso periodístico, en muchos casos, es visto como un acto agresivo para los implicados, al evidenciar, recriminar y denunciar ciertas actividades y personas, también los actos cometidos hacia los profesionales del periodismo son tomados como una forma de violencia y coartación de un derecho: la libertad de expresión.

 

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Un comentario sobre “Mecanismo de agresión bidireccional

  1. Kari, me parce muy atinado que hayas escogido el quinto aniversario del asesinato de Regina Martínez para hacer tu entrada de esta semana, pues creo que empata a la perfección con los dos enfoques que le has dado a tu análisis del ejercicio periodístico en México, sobre todo con el primero, que estaba orientado hacia la participación de las mujeres en los medios. Y es que, como es evidente en este caso, ella fue violentada por su trabajo en Proceso pero también adquiere el carácter de feminicidio, lo cual le otorga una responsabilidad al Estado y al estado (de Veracruz) por no garantizar su seguridad y permitir la impunidad de los victimarios. Asimismo me parece muy acertado haber vinculado hechos aparentemente inconexos, como la publicación del artículo en The New York Times y la presentación del informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Enhorabuena.

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