La visión ideológica de Al Qaeda

Por Eduardo Chamorro

En los últimos meses, el terrorismo ha sido abordado a través de distintas vertientes: desde las diferencias en su significado y concepción, hasta las nuevas tendencias generadas por medio de la internet y las redes sociales. En este punto conviene precisar el análisis de un término que ha estado presente desde los orígenes del terrorismo, fue de sumo interés para los estudios después del 9/11 y, además, continúa en la opinión de especialistas al seguir manifestándose con el uso de nuevas tecnologías de la información. Me refiero a la ideología terrorista.

De acuerdo con el filósofo francés Oliver Reboul, existen coacciones lingüísticas que determinan nuestra pronunciación, vocabulario y sintaxis; pero también se encuentran aquellas del orden social y que operan a nivel de la lengua. Bajo este planteamiento, una ideología determina la manera de hablar, así como el sentido de las palabras, sentido según el contexto dentro del cual se aborda.

Desde el punto de vista sociológico de Jacques Ellul, retomado por Reboul en su libro Lenguaje e ideología, la ideología “Es un complejo de ideas y de creencias. No de ideas y/o creencias, sino de creencias que se relacionan con ciertas ideas. Ideas que vienen a nutrir a ciertas creencias”. Así, la ideología brinda un código implícito a una sociedad para expresar experiencias y justificar acciones y conflictos, como el terrorismo.

En el discurso de Al Qaeda —propio del terrorismo yihadista— existe una base ideológica religiosa. De acuerdo con el doctor en Ciencia Política y Administración de la Universidad de Granada, Manuel Torres Soriano, Al Qaeda pretende establecer un programa de purificación religiosa del individuo y en específico de la comunidad musulmana. Osama Bin Laden y sus seguidores situaron el origen de las tragedias del mundo islámico por la desviación religiosa; así, el islam ha sido degrado hasta el punto de alejar a sus creyentes. En palabras de Bin Laden en octubre de 2002:

“Si Alá lo desea, saldremos victoriosos en esta confrontación, de ahí que debamos armarnos con unas cuentas cuestiones (…) La primera cosa que debemos hacer es retomar sinceramente a Alá, arrepentirnos honestamente ante él, sinceros en nuestro trabajo y honestos en nuestras intenciones, centrándonos únicamente en la verdad…”

El discurso de Bin Laden está repleto de carga ideológica. La ideología posee un código específico y según Oliver Reboul, las palabras no solo tienen un sentido, sino también poder: de persuasión, convocatoria, consagración, estigmatización o de rechazo. Al Qaeda cree que los estudiosos del islam, de la ley divina, son la base para apoyar a la comunidad musulmana en su búsqueda de la verdad. Lo cierto es que la umma (grupo de musulmanes) ha padecido un perjudicial liderazgo religioso que para Al Qaeda ha mantenido a su comunidad adormecida y ajena a sus obligaciones.

Para ello, la propuesta también incluye la organización terrorista, la cual implica una transformación geopolítica —y de geografía política— del mundo musulmán, pues incluiría la desaparición de los actuales regímenes políticos y las redefiniciones de las fronteras existentes en esos países. Este movimiento, ideológicamente político y religioso, no solo concibe a quiénes deben ejercer el poder en los países musulmanes, sino también la idea de que las actuales fronteras son divisiones creadas por occidente con el fin de debilitar a la comunidad de creyentes.

El discurso que legitima el poder —explica Oliver Reboul— es sobre todo de orden racional. El poder aun bajo su concepción más moderna, es sagrado, y por ello califica de violento, como el terrorismo, por ser aquello que lo amenaza o cuestiona. La legitimización del poder puede ser de diversos tipos, no solamente ideológicos, pero para que sea legitimación ideológica, es preciso que sea a la vez disimulador y racional. “La ideología es la disimulación de lo sagrado”, enfatiza Reboul.

Torres Soriano explica que ante la perspectiva de Al Qaeda, “cuando se trata de buscar el beneficio propio a expensas de la opresión del mundo musulmán, existe una perfecta simbiosis entre Estados Unidos e Israel”. Por lo tanto, lo que distingue el poder ideológico de Al Qaeda del resto del islam tradicional no es la tarea del deber religioso a través de acciones violentas, “sino la interpretación de la historia más reciente y del momento actual como uno de esos contextos de agresión contra el islam; en el cual es legítimo y existe la obligación de emprender una guerra contra los enemigos de Dios”, aclara Torres.

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